lunes, 19 de noviembre de 2007

Y al trigésimo segundo año... ¿le resucitaron?

20-N, treinta y dos años después

Hoy hace treinta y dos años que falleció el General Franco, un acontecimiento que ya queda muy atrás y casi quedó en el olvido ... si no fuera por el pZoe y la obsesión de Z y camaradas de resucitar constantemente los tiempos de la segunda república y el régimen de Franco, que no fue sino consecuencia de lo que ocurrió en esta república cuando estuvo gobernada por el pZoe y los grupos radicales de la izquierda.

Hasta finales de los noventa, parecía superada esta época, con las heridas cerradas y bien curadas. Precisamente el cambio de gobierno en 1996 hizo creer que España comenzaba una nueva era sin el lastre de la historia.

Pero no. La izquierda no perdona, su rencor no tiene límites, y nunca va a superar que perdió esa guerra tan cruenta causada por ella misma y que llevó tan chapuceramente que la tuvo que perder, a pesar de contar con aliados tan estrambóticos como peligrosos como la URSS de Stalin. Llama la atención la semejanza con las amistades actuales de Z.

En su afán de mirar hacia atrás y abrir viejas heridas, Z ha conseguido dividir a la nación y retroceder en el tiempo. Z realmente no vivió la época de Franco, tiene un recuerdo virtual y nublado de su abuelo, que no fue tan héroe como nos pintó y al que no pudo conocer por nacer veintitantos años después de que falleciera, pero tiene clara una cosa: Añora la segunda república y recrea todos sus males.

A finales de los setenta se rodó una película, técnicamente no muy buena, pero muy ilustrativa de lo que era la actitud de los españoles tras los primeros años de democracia. Se basó en el libro de Vizcaíno Casas, "Y al tercer año resucitó", tratando de la hipotética resurrección de Franco tres años después. Además, ilustra muy bien el desmadre autonómico del momento (muy parecido, en el fondo, al actual si pensamos en las comunidades "históricas"), pero llega a la conclusión que todo tiene que evolucionar y que no hay marcha atrás.

La historia es un hecho objetivo. No se puede manipular estableciendo por ley lo que debemos recordar y lo que no. Modificar la historia es algo típico de los regímenes totalitarios. Este afán por cambiar la historia al gusto del régimen lo describe muy bien George Orwell en "1984". Lamentablemente, parece que las novelas y películas de ciencia ficción más negativas van a ser las que se convierten en realidad (se puede pensar en "Soylent Green", de principios de los setenta, relativa a los problemas de alimentación y de la eutanasia).

En un momento en que ya apenas hay personas que se reúnan para recordar la muerte de Franco, muy al contrario lo que aún pasaba hasta 1984 con las macromanifestaciones de Fuerza Nueva en la Castellana y que declinaron en los años posteriores de forma significativa, no veo la necesidad de resucitar fantasmas del pasado con la Ley de la Memoria Histérica y actuaciones semejantes.

La derecha en España se ha vuelto cada vez más respetuosa y, sobre todo, no mira constantemente al pasado. Pero son los que no hacen otra cosa que hablar de paz, respeto, diálogo y mirar hacia el futuro los que hacen justo lo contrario. Podemos verlo en todas las manifestaciones de la izquierda y extrema izquierda: Los antifascistas van armados hasta los dientes para ir contra los que consideran fascistas, izquierda y extrema izquierda (pZoe, IU, sindicatos, partidos extraparlamentarios tipo Movimiento Comunista) se manifiestan contra guerras inexistentes y con banderas soviéticas, los artistas sostenidos económicamente por el gobierno actual ya no se preocupan por la integridad física de nuestros soldados que mandan a la guerra en Afganistán.

La falta de identificación con el propio país, la manipulación a través de los medios de comunicación controlados por la izquierda y la educación y la falta de profesionalidad y de principios en el buen gobierno de la nación llevan al desastre y deterioran la democracia, que antes de Z parecía muy bien asentada.

La democracia actual la tenemos gracias a la habilidad de S.M. el Rey que supo encauzar la política en la dirección correcta al elegir a Adolfo Suárez como presidente del gobierno, que fue el mejor hombre para aquel momento. Acusar hoy al Rey de ser un reducto del franquismo es una insolencia, pues la Familia Real encabezada entonces por Don Juan de Borbón siempre se caracterizaba por su convicción de tener que restablecer la democracia. Hacerlo como lo hizo el Rey fue complicado, primero desde su proclamación como sucesor de Franco a título de Rey el 23 de julio de 1969, luego dentro de la legalidad vigente en 1975 y sin alterar los ánimos de los que aún ostentaban el poder efectivo. Seguramente, la mayor parte de los dirigentes franquistas tenían muy claro que el cambio que tenía que producirse era inevitable y necesario. Pero a la izquierda le cuesta reconocerlo. Es ella la fuerza más reaccionaria hoy en día.

Es de esperar que el año próximo, cuando se celebre el trigésimo aniversario de la Constitución, un nuevo gobierno haya conseguido reconducir la política errónea de ahora para que el siguiente 20-N no sea más que un hecho histórico más visto con toda normalidad, igual que el escudo de San Juan que enlaza con la historia desde los Reyes Católicos y fue también el primer escudo "constitucional" (la Constitución sólo establece los colores nacionales, no el escudo, que se cambió en 1981). Entender la historia es saber como fue y no como algunos quieren que fuera y por lo que introducen la educación para la tiranía. La Monarquía parlamentaria es la mejor garantía para que no haya tiranías.

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