jueves, 1 de mayo de 2008

El PP a la deriva (¿?)

La reciente renuncia de don Eduardo Zaplana a su escaño y su retirada a la empresa privada es otro síntoma de lo mal que lo está haciendo Rajoy en su nueva andadura de acercamiento al centro-izquierda. Muestra del nuevo estilo en el PP son las declaraciones de la niña de Rajoy, Soraya, que dejan bastante de desear, pues parece que ella hace y deshace a su antojo y decide lo que se tiene que hacer en el partido.

Siempre me ha parecido una costumbre muy mala que los políticos se eternicen en sus escaños, convirtiendo la política en una profesión. Las nuevas generaciones de políticos vienen directamente de la universidad sin haber trabajado nunca en la economía privada para ganarse la vida y tienden aún más a ser políticos toda su vida.

Al margen de que resulta triste ver cómo un partido parece echar por la borda a políticos veteranos, que muy bien podrían servir de soporte ideológico-técnico a los nuevos que llegan, por otra parte resulta lógico que después de treinta años en la política y las pocas perspectivas de poder llegar a algún puesto más relevante, un político se retire.

Lo que acabo de decir vale aún más para el señor Rajoy. LLeva demasiado tiempo en la dirección del PP, y se le añade la circunstancia de que ha fracasado dos veces en las elecciones generales, por muy buenos que hayan sido -relativamente- los resultados del PP, que por otra parte los han obtenido los dirigentes autonómicos y municipales como Gallardón, Aguirre, Camps...

El estilo despótico de Rajoy me parece fuera de lugar. Los nombramientos a dedo me parecen igualmente deplorables. Aquí no se elige a los nuevos dirigentes por su valía o simpatía, sino más bien por sus enchufes, sus relaciones, sus familias...

Un partido dirigido de forma despótica no es capaz de generar nuevos dirigentes de forma natural. La dirección del partido se descuelga de las bases. Eso es así en el ámbito nacional como lo es en el ámbito municipal. Esta situación crea desánimo e indiferencia respecto del futuro del partido.

El señor Rajoy actúa con desprecio, arrincona a personas que él mismo llamó a primera fila en vísperas de las elecciones, así como a otras que junto a él prestaron buenos servicios durante el gobierno de Aznar.

El desánimo y la decepción pueden causar graves daños al partido, y no me extrañaría que de aquí a dos años se produzcan desbandadas de diputados al grupo mixto o a algún que otro partido, si no es que surge alguno nuevo de tipo liberal, algo que en España, supuesta cuna del liberalismo político de 1808, no estaría mal.

No tengo mucha confianza en el congreso del PP en el próximo mes de junio. Seguramente saldrá la peor opcíón, si es que vaya a haber alguna otra. Es comprensible que los actuales pesos pesados como doña Esperanza se anden con pies de plomo, pues aunque puedan contar con un apoyo amplio por parte de los afiliados, eso no significa que los compromisarios vaya a hacer lo que quieran los afiliados.

Los que ahora no pintan nada en el grupo parlamentario popular se estarán orientando por otra parte, porque estar a la sombra durante cuatro años no les servirá de nada, especialmente con Soraya al mando y con Rajoy bajo la pantufla de ella.

Zaplana ha hecho bien, y le seguirán bastantes más. Rajoy se está quedando solo. Con despotismo no se consigue prosperar, sólo destruir. El resultado electoral podría servir al PP al menos para hacer buena oposición, pero para eso necesita gente nueva que convence y que tenga convicciones firmes, lo que no es el caso de Rajoy.

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