martes, 8 de julio de 2008

Orgullo Gay: ¿Espectáculo o reivindicación?

Como todos los años por estas fechas, el sábado 5 de julio tuvo lugar en Madrid una nueva edición del desfile del Orgullo Gay acompañado de varios días de fiestas en el barrio gay de Chueca y aledaños.

El lema de este año era la visibilidad lésbica, una temática que demuestra que ya no hay nada que reivindicar en este espectáculo circense nacido como manifestación a favor de la igualdad en derechos de gays, lesbianas y transexuales.

Lo de la visibilidad lésbica es, además, casi un intento de imponer a las lesbianas que se hagan visibles, dado que en España se suelen mantener bastante invisibles a los ojos del público en general, algo que en otros sitios como Montreal se lleva con mucha más naturalidad, al igual que la visibilidad de gays ancianos. Pero es la tónica general de la progresía de querer imponer a todo el mundo lo que debe hacer aunque no quiera.

El lema es también muestra de que, en realidad, ya no hay derechos que reivindicar, pues si había derechos que los gays y lesbianas no tenían antes, eran los de casarse y de tener hijos adoptivos como parejas homosexuales, ya que los demás derechos los tenían desde siempre, como cualquier otro ciudadano. Otra cosa es la discriminación que puedan sufrir por su condición de homosexuales, al igual que las mujeres pueden sufrir en general una discriminación salarial, que de hecho subsiste por mucho que digan que no. Foto: Lema de la Visibilidad lésbica. Sin duda, la más visible será la Vicepresidenta de la Vogue, que por cierto, ¿dónde está? Bueno, la vemos todos los días en la tele.

Pero al margen de las reivindicaciones, la fiesta gay de Madrid se ha convertido en los últimos años en la fiesta más multitudinaria de la ciudad y su celebración se ha vuelto tan normal que acuden a ella hasta familias con niños, no por último porque se trata de una fiesta casi circense que ofrece mucho espectáculo carnavalesco sobre camiones y en forma de grupos de a pie, algo que me parece muy bien.

Lo que me parece menos aceptable es, por una parte, que los políticos de izquierda y extrema izquierda y las organizaciones de defensa de los intereses de gays y lesbianas intentan usar esta celebración para manipular a la opinión pública y, especialmente, a los gays y lesbianas para que comulguen con una determinada orientación política, pues dan a entender que un homosexual, por el mero hecho de serlo, no puede votar más que a partidos de la izquierda, negándole casi el derecho de poder optar por otras orientaciones políticas más acordes con los intereses generales de la sociedad, pues aunque los gays de derechas que reconocen públicamente ser de derechas o liberales son cada vez más, la mayoría que se considera de izquierdas intenta intimidarles como si para los gays no existiese este derecho de libertad de voto o afiliación política. Como dijo una vez muy acertadamente el propietario del restaurante gay Divina La Cocina, hay más cuestiones que debe valorar un gay y que no son ni el matrimonio ni la adopción, como por ejemplo la economía. Y, lógicamente, los políticos de izquierdas acuden masivamente para hacerse las fotos para su imagen de tolerantes y gayfriendly. Foto: Rosa Díez con un chulazo que quita los sentidos. La foto no deja de ser beneficiosa para su imagen.

P
or otra parte, está la chabacanería, la falta de buen
gusto y de buen estilo. Este aspecto es, en cambio, lo que atrae a los medios, lo que hace que acuda mucha gente, pero que no beneficia en nada a la causa que con este desfile reivindicativo sin nada que revindicar se trata de defender. Tampoco es algo que represente a la mayoría de los gays y lesbianas, y precisamente esa visibilidad lésbica que reivindicaron este año es un botón de muestra más de lo que no quieren ser los gays y lesbianas: chabacanos, ordinarios, calco de prostitutos y prostitutas, salidos y golfos, drogatas y fiesteros. Porque gente con estas características la hay también entre los heteros, pero en cualquier caso es minoría. No cabe duda de que los homosexuales están más dados a la fiesta, pues como carecen, normalmente, de ataduras familiares, viven con más libertad y naturalidad que otros por razones sociales o por responsabilidad familiar no pueden vivir, viajan más porque tienen más medios disponibles para ello, y estos factores de independencia social y económica también han sido descubiertos hace algunos años por agencias de viajes, hoteles y touroperadores.

Esta chabacanería, que quita bastante glamour al evento, es lo que ponen en escena los políticos que se autoerigen en los representantes y defensores de gays y lesbianas, personajes tan lamentables como Pedro Zerolo o Boris Izaguirre. La pobreza intelectual se refleja también en el desfile mismo: Camiones con música atronadora, generalmente repletos de gente mal vestida y carentes de elementos decorativos que se puedan llamar ingeniosos u originales. A ello se añade la mala organización que hace que el desfile se eternice, cuando verlo carece casi de interés por lo aburrido de los grupos y camiones. Foto: Pedro Zerolo, concejal socialisto del Ayuntamiento de Madrid como máximo reivindicador sin reivindicaciones y en el momento de experimentar un nuevo orgasmo democrático.

Lo que sería un logro sería que el desfile del Orgullo Gay se convierta en el futuro en una fiesta libre de connotaciones ideológicas, sin intentos de imposición de determinadas creencias políticas, con la participación de todos los grupos políticos y la ausencia de banderas inconstitucionales como la de la segunda república, que nada tiene que ver con esta fiesta ni con la libertad sexual (la segunda república no fue precisamente un ejemplo de libertad ni en este campo).

El Partido Popular haría muy bien en dejar de hacer el ridículo con querer acabar con el matrimonio gay y de no dedicarse a temas que no aportan nada a la sociedad como lo practica actualmente con mucha insistencia el P$O€. Si el PP, con su directiva superviviente de Alianza Popular, quiere darse de centro abierto hacia la izquierda, debería mostrarse más tolerante en este tema, pues si quiere captar votos más allá del centro, que dice ocupar desde hace años, convendría que empezase por acercarse a los homosexuales respetando los dos derechos recien conseguidos. Además, quitar derechos adquiridos no es constitucional y ello supone un perjuicio para los afectados. Pero el PP sigue tan carca por mucho que se pinte de colores. La mejor muestra es que Telemadrid no retransmitiera el desfile ni nada de las fiestas. Pero de estilo carecen tanto los chabacanos socialistos como los peperos vestidos ahora de progres hipócritas. Ojalá la fiesta gay más importante de la península en el futuro se diseñe mejor, se organice mejor y reivindique cosas sensatas con más estilo que hasta ahora.

4 comentarios:

Pedro Medario dijo...

Yo creo que Rosita Diez fue al evento solo por publicitarse. Al fin y al cabo, tanto su nombre, como el color de su partido, hacen juego con el color mayoritario en esa celebración. En la misma foto en que aparece Rosita se ve bien claro.

Rubén López dijo...

No puedo entender por qué es chabacano un chico que sale en una foto y sin embargo el que sale con Rosa Díez no lo es. ¿Sólo porque te parece atractivo uno sí y el otro no?qué triste.

El límite de la chabacanería es totalmente subjetivo y lo ponemos cada uno

Atreides dijo...

Rubén, la foto quizás no sea la más apropiada para hablar de chabacanería, yo me refiero con esto a lo que se ve en muchos de los camiones y algunas cosas que se ven en el resto del desfile. Chabacano es que algunos se comporten como putas lascivas. Los tres de la foto no son del todo chabacanos, son originales en comparación con lo que suele haber encima de los coches, aunque no sé por qué se tienen que presentar como putas y lascivos. ¿Es que los gays se visten de putas con boas y tacones? El problema con la identidad sexual es de una minoría, algunos se divierten vistiéndose de putas. ¿Por qué no se visten de tías despampanantes en lugar de eso? Claro que el que está con Rosa Díez no lo es. Creo que he explicado lo que veo como algo chabacano.

Rubén López dijo...

Entiendo que si unes el adjetivo lascivo a chabacano, pueda llegar a tener sentido en algunas ocasiones, sólo que tal como lo decías parecía que como el chico que está con Rosa 10 está bueno y es muy guapo, no es chabacano y estoy seguro que para mi abuela va de una forma muy chabacana, y para ciertos conservadurismos también.

Un saludo.