sábado, 13 de septiembre de 2008

Rumpelstilzchen - Zancadillas Traquetero - cuento infantil

Érase una vez un molinero, que era pobre, pero que tenía una bella hija. Sucedió que un día entabló conversación con el rey, y con tal de ganar su estima, le dijo: "Tengo una hija, que es capaz de hilar paja para convertirla en oro." El rey le dijo al molinero: "Este es un arte que mucho me complace; si tu hija es tan hábil como dices, entonces llévala mañana a mi palacio, donde quiero ponerla a prueba."

Cuando después le fue llevada la chica, la llevó a una celda llena de paja, le dio una rueda de hilar y un aspa devanadera y le dijo: "Ahora pónte a trabajar, y si durante esta noche hasta la mañana no consigues hilar la paja para convertirla en oro, ¡tendrás que morir!" A continuación cerró la cámara él mismo, y ella se quedó sola en ella.

Ahora se encontraba allí sentada la pobre hija del molinero y no supo encontrar solución alguna para su vida; ella no sabía nada sobre cómo hilar la paja para convertirla en oro con la rueda de hilar, y su angustia aumentó por momentos hasta que, finalmente, se echó a llorar desconsoladamente. De repente se abrió la puerta y entró un pequeño hombrecito y le dijo: "Buenas noches, doncella molinera, ¿por qué llora tanto?" - "Ay", contestó la chica, "debo hilar la paja para convertirla en oro con la rueda de hilar y no sé nada de esto." A lo que replicó el hombrecito: "Qué es lo que me das si lo hilo para tí?" - "Mi collar", le dijo la chica. El hombrecito cogió el collar, se sentó delante de la ruedecita, y ron, ron, ron, tres veces tirando de la paja se llenó la bobina. Después colocó otra bobina, y ron, ron, ron, tres veces tirando de la paja, llena estaba la segunda bobina; y así siguió hasta el amanecer, habiendo hilado toda la paja, y todas las bobinas estuvieron llenas de oro.

Al salir el sol, en seguida llegó el Rey, y cuando vio el oro, se quedó sorprendido y se alegró. Pero su corazón se volvió aún más avaricioso. Hizo llevar a la hija del molinero a otra celda, aún más grande, y le ordenó que también convirtiera esta paja en oro durante la noche si quería conservar la vida.

La chica no supo qué hacer para salir de la situación. Se abrió nuevamente la puerta, apareció el pequeño hombrecito y le dijo: "Qué es lo que me das si te hilo la paja para convertirla en oro?" - "Mi anillo del dedo", le contestó la chica. El hombrecito cogió el anillo, comenzó a ronronear con la rueda de hilar, y hasta el amanecer había hilado toda la paja convirtiéndola en oro.

El rey se alegró sobremanera al contemplar todo el oro, pero aún así no tuvo bastante con el oro obtenido, así que hizo llevar a la hija del molinero a una celda aún más grande y llena de paja y le dijo: "Tienes que hilar toda ella durante esta noche. Si lo consigues, deberás convertirte en mi esposa." - Y aunque sólo sea la hija de un molinero, pensaba, no podré encontrar ninguna mujer más rica en todo el mundo.

Cuando la chica se encontraba nuevamente sola, volvió el hombrecito por tercera vez y le dijo: "Qué es lo que me das si te hilo nuevamente esta paja para convertirla en oro?" - "No me queda nada que podría darte", le contestó la chica. "Entonces prométeme que, cuando seas reina, me entregarás tu primer hijo." - Quién sabe como va a continuar esto, pensaba la hija del molinero, y en la emergencia tampoco sabía cómo encontrar otra solución. Por lo tanto, prometió al hombrecito lo que le había pedido, y a cambio el hombrecito volvió a hilar la paja para convertirla en oro. Y cuando por la mañana llegó el rey y encontró todo tal como había pedido, celebró la boda con ella, y la bella hija del molinero se convirtió en reina.

Pasado un año dio a luz un bello hijo, y ya ni se acordaba del hombrecito. Éste, de repente, apareció en su habitación y le dijo: "¡Dame, pues, ahora lo que me prometiste!" La reina se asustó y ofreció al hombrecito todas las riquezas del reino si le dejaba conservar a su hijo. Pero el hombrecito le dijo: "Prefiero algo vivo antes que todas las riquezas del mundo." Entonces la reina comenzó a lamentarse y a llorar de una manera que el hombrecito sintió lástima de ella. "Te concederé tres días de plazo", le dijo, "si hasta entonces averiguas mi nombre, te quedarás con el niño."

Ahora la reina se pasó la noche entera pensando en todos los nombres que había escuchado alguna vez. Envió a un mensajero a través del país para que averiguase en todas partes qué otros nombres podía haber. Cuando el día siguiente volvió el hombrecito, ella comenzó con Gaspar, Melchior, Baltasar y dijo todos los nombres que sabía, uno tras otro. Pero después de cada nombre le decía el hombrecito: "No me llamo así."

El segundo día hizo que preguntaran a todo el vecindario cómo se hacía llamar la gente, y le dijo al hombrecito los nombres más inusuales y extraños: "Te llamas tal vez Bestia de las Costillas, o Pantorilla de Cordero, o Pierna Encordonada?" Pero siempre le contestaba: "No me llamo así."

El tercer día volvió el mensajero y le contó: "No he podido encontrar ningún nombre nuevo. Pero cuando en un monte elevado doblé una esquina del bosque, donde el zorro y la liebre se dan las buenas noches, vi una pequeña casa, y delante de la casa ardía una hoguera, y alrededor de la hoguera saltaba un hombrecito más que ridículo, saltaba sobre una pierna y decía:
'Hoy hago pasteles, mañana elaboro cerveza,
pasado mañana recogeré al hijo de la reina;
¡Ay, qué bien que nadie sabe
que Rumpelstilzchen me llame!'"
Entonces os podéis imaginar lo que se alegró la reina al escuchar este nombre. Y poco después, cuando entró el hombrecito y la preguntó: "Bueno, señora reina, ¿cuál es mi nombre?, ella preguntó primero: "No te llamarás Zutano?" - "No." - "Acaso te llamarás Fulano?" - "No." - ¿Entonces tal vez te llamas Rumpelstilzchen?"

"¡Esto te lo ha contado el diablo, esto de lo ha contado el diablo!", gritó el hombrecito y por la rabia que sentía dio una patada tan fuerte con el pie derecho que lo hundió en el suelo hasta llegar al tronco. Esto le puso tan furioso que agarró el pie izquierdo con ambas manos y se partió él mismo en dos.

Cuento infantil de los Hermanos Grimm, traducido del alemán por Atreides. Reservados todos los derechos de esta traducción. El significado de "Rumpelstilzchen" es Zancadillas Traquetero, por hacer cierto ruido de traqueteo con las "zancas", aunque se suele traducir por enano saltarín. Se trata de un malvado duendecillo o gnomo del bosque, que como un Poltergeist solía hacer ruido tocando patas de muebles. En el presente caso, al saltar sobre una pierna , podría pensarse que tal vez tuviera una pata de palo que ocasionaba el "traqueteo" al dar zancadillas. También pone zancadillas a las personas al ofrecer sus "servicios" en el sentido de trabas malvadas, así que traducir los "Stilzchen" por zancadillas puede entenderse en ambas acepciones.

3 comentarios:

Miguel A. dijo...

Tienes un premio en mi blog.

Un saludo

Anónimo dijo...

Muchas veces me he preguntado el por qué de ciertas traducciones, Atreides. Por eso me hace gracia que saques a colación el nombre original de lo que en España se conoce como "El enano saltarín". Efectivamente, el cuento tiene mucho más sentido con su nombre en alemán. Es como se comprende la moraleja que contiene, que quien se dedica a poner zancadillas con su pata de palo, termina por caer por ella.
Lo mismo podríamos decir de "Dornröschen". Para mí, en ese cuento, es más importante el círculo de espinos que el sueño de la niña. Y en otros idiomas europeos se ha traducido igual.

Atreides dijo...

Por eso he traducido el nombre de forma más literal, el enano saltarín más bien suena a circo. Y tienes razón, en Dornröschen lo que es la clave es que queda como atrapada entre las púas del rosal, no que sea sólo una bella durmiente.
Y como se ve, Rumpelstizchen hay muchos en todas partes ;-)