lunes, 8 de diciembre de 2008

Berlín y sus teatros (V): Schaubühne

Con el teatro Schaubühne (literalmente: escenario de espectáculos o de representaciones teatrales) comienzan unos capítulos dedicados a los teatros de Berlín Occidental. La Schaubühne es el último de los teatros subvencionados de esta parte de la ciudad, después de que el Senado de Berlín dirigido por el peor alcalde gobernador de Berlín de todos los tiempos, el socialista Klaus Wowereit, se dedicara a retirar las subvenciones a los teatros occidentales dedicando sus fondos culturales casi exclusivamente a los teatros del este de la ciudad, empobreciendo sistemáticamente la vida cultural en la parte occidental de Berlín, al igual que se está desmontando la infraestructura de transportes y se ha acabado con todas las cadenas de radio y televisión occidentales de Berlín (como la insigne cadena de radio y televisión SFB - Emisora del Berlín Libre). Foto: Aspecto actual de la Schaubühne.

A raíz de la división de la ciudad se crearon duplicados de los teatros históricos más importantes del este para salvaguardar el teatro libre en el mundo libre. Así existían hasta 1990 varios teatros duplicados: Deutsche Staatsoper (Ópera Nacional Alemana) en el este, Deutsche Oper (Ópera Alemana) en el oeste; Volksbühne (Teatro del Pueblo) en el este, Freie Volksbühne (Teatro Libre del Pueblo) en el oeste; y otras salas en compensación de la pérdida de las históricas como el Teatro Alemán.

Lógicamente, tras la reunificación de la ciudad, existía una sobreoferta cultural que no respondía a la demanda real. Ya con anterioridad a la reunificación, en ambas partes los teatros vivían de las subvenciones públicas, en el este por razones obvias, en el oeste por la situación particular de Berlín Occidental debido a su aislamiento geográfico del resto de Alemania Occidental. Foto: El cine original de estrenos "Universum" en los años 1920.

No obstante, los teatros de Berlín Occidental contaban con actores de alto nivel, aunque no así las obras representadas, ya que por estar subvencionadas no se rigen por criterios de mercado, sino por intereses político-culturales. En Berlín Oriental hubo que restaurar todas las salas debido a su mal estado, ya que el régimen comunista no invertía y la ciudad entera, al igual que toda la antigua RDA, estaban en las últimas desde el punto de vista de la sustancia de los inmuebles que sobrevivieron a la guerra.

Lo que no es lógico es que el actual gobierno berlinés desangra a la ciudad occidental. Han tenido que cerrar las puertas teatros emblemáticos como la Freie Volksbühne, el Schiller-Theater y algunas salas privadas que antes también contaban con ayudas públicas. Otro teatro emblemático, Theater am Kurfürstendamm, corre peligro de desaparecer tras 85 años de existencia, porque ni está protegido como patrimonio histórico-artístico y el Senado vendió en los noventa los derechos de usufructo en lugar de proteger este patrimonio cultural, entregándolo a la especulación inmobiliaria. Foto: Vista nocturna de la Schaubühne .

Desde 1981, el Schaubühne tiene su sede en el edificio construido por el famoso arquitecto berlinés Erich Mendelsohn, uno de los más importantes maestros constructores alemanes del siglo XX. Otros edificios creados por Mendelsohn y que son de gran relevancia son la Torre de Einstein en Potsdam y el Edificio de Mosse en la Calle de Jerusalén de Berlín. El arquitecto falleció en 1953 en el exilio americano. Foto: Aspecto actual de la Schaubühne. de noche.

Antes de entrar en la parte artística, hemos aquí un resumen de la historia del edificio:

1928
Al sur de la Plaza de Lehnin (que se refiere a una población brandemburguesa) se construye un conjunto de edificios que debía reunir en poco espacio todas las funciones de una ciudad, el llamado Complejo WOGA, que a parte de edificios de viviendas también incluye una calle comercial, un café-restaurante y un teatro de cabaret (cabaret en alemán significa teatro político o de entretenimiento). La construcción más llamativa del complejo es el cine »Universum«, un cine de estrenos de la cinematográfica Ufa (Universum Film AG), con 1.800 plazas, cuya forma extensa en forma de herradura está presidida por una chimenea de ventilación ergida sobre la parte frontal que se adentra en la Avenida del Dique del Principe Elector (Kurfürstendamm). Nota. "Damm" significa dique. Todas la sgrandes avenidas berlinesas comenzaron a construirse a modo de diques por el extrarradio de la ciudad histórica pasando por humedales que hicieron necesario elevarlas por encima del nivel de agua.

1937-1945

En 1937 el cine »Universum« es adquirido por el empresario de cines Willy Hein. Poco antes del final de la guerra, las bombas dañaron al edificio de tal forma que se incendió todo el interior creado por Mendelsohn perdiéndose para siempre.

1946-1952
Reforma por el arquitecto Hermann Fehling. Después de dos años de obras se inaugura el »Studio« situado en la antigua sala de cajas. En 1950 se añade el »Capitol« en la antigua sala de cine, más reducida en tamaño. La zona entre el barrio de Halensee y el Tauentzien (avenida de los grandes almacenes) se convierte en el »Broadway de Berlín«.

1968-1973
En 1968, el »Capitol« es transformado en un local sobredimensional de Beat, pero sólo un año después se convierte en un teatro de musicales. En 1973 el »Studio« suspende el funcionamiento como cine con la película de Stanley Kubrick titulada »La Naranja Mecánica«.

1978-1981
Durante los años de 1978 a 1981, el arquitecto Jürgen Sawade transformó el antiguo edificio del cine »Universum« en uno de los teatros de Alemania con el mejor equipàmiento técnico restableciendo su forma externa. Con su nueva configuración, el edificio en la Plaza de Lehnin, cuyo promotor era entonces el Senado de Berlín, debía convertirse en la nueva sede del teatro »Schaubühne am Halleschen Ufer«, cuyoas necesidades de espacio obligaron al traslado a otros locales. Posiblemente fue la primera vez en la historia de la aqritectura moderna de teatros que se construyera un espacio teatral que respondía a la larga experiencia y las necesidades de la gente del teatro y en cuya planificación y ejecución había una coordinación recíproca permanente entre el teatro y el arquitecto. Al mismo tiempo se renunciaba a los elementos representativos para favorecer la funcionalidad y una decoración austera. Los costes de la reforma ascendieron al unos 81 millones de marcos alemanes de entonces. Desde 1979, el edificio de Mendelsohn está protegido como patrimonio histórico-artístico.

1981
Desde que en otoño de 1981 la Schaubühne am Lehniner Platz inició sus actuaciones, ya no existía ninguna separación entre sala de espectadores y zona de escenario, tal como es el caso en los teatros convencionales, porque ahora el espacio puede utilizarse en cualquier parte tanto de escenario como de espacio de espectadores. Dos grandes portales enrollables permiten, además, dividir el espacio completo de 67,5 metros de longitud y 21 metros de ancho en un total de tres salas (A, B y C). EN la práctica, de esta forma se pueden realizar tres representaciones al mismo tiempo o unir dos o tres espacios para formar una sala más grande. de esta forma se pueden realizar no solamente todas las formas clásicas de teatro -desde el escenario de cajón, pasando por la transversal, la arena, el escenario de ópera con fosa paera orquesta, hasta el anfiteatro o un escenario cabuqui–, sino la casa también está perfectamente preparada para todo tipo de experimentos escénicos que podrían crearse en el futuro.

Postales de las obras del Schaubühe


Aspectos artísticos

En la mítica Schaubühne, Peter Stein marcó un período artístico y social sin precedentes en la historia del teatro alemán. Desde 1970 -cuando desembarcó en compañía de un grupo de jóvenes colaboradores y actores, todos ellos impregnados de los aires revolucionarios de 1968 y dispuestos a darle la vuelta a un sistema teatral apilillado-, hasta mitad de los años ochenta Stein experimentó con formas artísticas y esquemas organizativos de manera incansable. Su modelo asambleario, que defendía voz y voto de todos los miembros del elenco en lo relativo a la elección de textos y programación de la línea artística del teatro, la especial importancia concedida a una dramaturgia casi científica y a la elaboración de conceptos concienzudamente meditados, fomentaron la construcción de una de las compañías estables más importantes y la interacción con el entorno cotidiano, así como un alto grado de concentración en el trabajo teatral, que acabó traduciéndose en una altísima calidad artística y humana.

Desde entonces se entiende bajo el término de Schaubühnenstil (estilo de la Schaubühne) un tratamiento cuidadoso y psicológicamente muy exacto de textos y épocas de la literatura universal, tanto de obras clásicas como contemporáneas. Aún después de la marcha de Peter Stein como director artístico en 1985, la Schaubühne conservó su estatus como uno de los escenarios se escena y dramaturgos como Luc Bondy, Klaus Michael Grüber, Robert Wilson, Andrea Breth o Peter Handtke y Botho Strauss. Foto: Aspecto de la impresionante estructura de elevación del escenario debajo toda la sala, creado expresamente para este teatro y resultado de una larga búsqueda en varios países europeos de sistemas similares.

Sin embargo, no es hasta 1999 cuando un grupo de creadores de treinta y pocos retoma el espíritu original de la Schaubühne, su faceta más social y revolucionaria. De la mano del cuarteto formado por el director Thomas Ostermeier y el dramaturgo Jens Hillje (provenientes de la no por joven menos mítica Baracke del Deutsches Theater), y por la coreógrafa Sasha Waltz y el gestor cultural Jochen Sandig (fundadores de la sala independiente de proyección internacional Sophiensäle), la Schaubühne reactiva todo su potencial artístico. De un lado, Ostermeier y Hillje -en continuación con la labor iniciada con gran éxito de crítica y público en la Baracke- darán un impuslo definitivo a la dramaturgia contemporánea y a la experimentación estética, de otro Waltz y Sandig cosecharán grandes éxitos con su compañía de danza Sasha Waltz & Guests, situando a la Schaubühne en la vanguardia más internacional. Foto: Thomas Ostermeier.

Como en la era de Peter Stein, la programación de la temporada es consecuencia del debate abierto entre la dirección artística, los dramaturgos de la casa y la compañía estable de actores y bailarines. A su vez, la toma de decisiones está supeditada a una reflexión crítica sobre la realidad, reflexión de la que surge la experiomentación con formas y modos en la puesta en escena y en la actuación de los intérpretes. De esta manera la Schaubühne se presenta a sí misma como laboratorio en el que desarrollar un nuevo lenguaje teatral, a través del cual las artes escénicas convergen con otrras disciplinas como la arquitectura, las artes plásticas y visuales, la literatura y el cine. Por otra parte, el antiguo modelo asambleario se recupera a través de sueldos uniformes, complementos para guarderías y el compromiso de todos los miembros del elenco de abstenerse de participar en otros trabajos lucrativos en cine, radio o televisión. Foto: Jens Hillje.

El cuarteto artístico se dusuelve en 2004. Después de cinco años de dirección artística conjunta, Sasha Waltz y Jochen Sandig abandonan la Schaubühne para iniciar nuevos proyectos (el espacio cultural Radialsystem V), mientras que Thomas Ostermeier y Jens Hillje continúan en la dirección artística del teatro. Foto: Sasha Waltz.

La pregunta central en torno a la cual giran todos sus trabajos es ¿Cómo podemos representar la realidad? Para Ostermeier el realismo es sobre todo una cuestión de estilo y de forma: "Precisamente porque las experiencias sociales de los individuos son tan discontinuas y fragmentadas, aumenta la necesidad de, por lo menos, fingir algo como unidad o contexto." Por ello, su propuesta de plasmar un realismo mágico o surreal en el teatro viene a significar una alternativa al "realismo capitalista", cuya estética "nos deja sin espoeranza en una fragmentación de la propia individualidad".

La búsqueda constante de autores verdaderamente contemporáneos que sepan captar y transmitir el Zeitgeist (el espíritu de su tiempo) -como Carryl Churchill, Sarah Kane, David Harrower, Mark Ravenhill, Richard Dresser, Jon Fosse, Lars Norén, Karst Woudstra o Marius von Mayenburg- y los radicales montajes por parte de Ostermeier y de un grupo de jóvenes directores asiduos de la Schaubühne tienen en el punto de mira la violencia física y sexual, la desintegración de las relaciones sociales y familiares en los países industrializados. Discusiones con los públicos después de las representaciones, sesiones matinales los domingos con políticos y fiolósofos posmodernistas y minifestivales de jóvenes autores vienen a completar y dinamizar la Schaubühne como espacio de encuentro e intercambio. Foto: Jochen Sandig.

Pese a la energía desbordante y el entusiasmo con los que Ostermeier y Hillje junto a sus actores y colaboradores arrancaron este proyecto artístico, la acogida por parte del público fue algo fría en las primeras temporadas. Lo cual no es de extrañar si consideramos que los personajes que pueblan sus puestas en escena -martginados, excluidos, desquiciados y desorientados- poco tienen que ver con el tradicional público burgués del viejo Berlín del Oeste. Para acercarse a él, Ostermeier ha tenido que recuperar -aunque siempre desde una estética radical- la confrontación con los clásicos del siglo XIX como "Nora" o "Hedda Gabler", de Henrik Ibsen (ambos montajes pudieron verse en Madrid y Barcelona), donde el espectador crítico ve reflejados sus miedos y anhelos y donde se analizan sus estados materiales y mentales. A su lado, los otros dos directores de la casa, el director belga Luk Perceval y el director y autor alemán Falk Richter, profundizan en la recuperación de Shakespeare y de los clásicos franceses y alemanes, y en la dramaturgia más contemporánea respectivamente. Foto: Falk Richter.

Junto al equipo director del Teatro Alemán, él de la Schaubühne tiene un altísimo nivel de preparación. Un aspecto sobresaliente es su labor pedagógica, seguramente la más fructífera de entre los teatros que disponen de este servicio y que sirve para fomentar la integración de jóvenes marginales como el acercamiento de la población escolar al teatro.

Tras el cierre de los teatros Freie Volksbühne, Schillertheater y Schlossparktheater, la Schaubühne es hoy en día el último gran teatro de texto en la paerte occidental de Berlín. Fundada en 1962 como teatro privado bajo el nombre de Schaubühne am Halleschen Ufer, por su ubicación en la orilla del río Spree en el distrito de Kreuzberg, este escenario legendario se trasladó en 1981 al edficio descrito anteriormente y ubicado en el distrito antaño muy exclusivo de Wilmersdorf, en la Plaza de Lehnin.

Por su particularidad y significado, este teatro no corre peligro de desaparecer como los otros teatros occidentales, que han sido víctima de la furia empobrecedora del alcalde Wowereit, que como buen colaboracionista de los comunistas del este elimina de Berlín Occidental su vida cultural y sus infraestructuras de transporte y de congresos, cerrando contra toda razón y en menosprecio del pasado político y cultural de la parte occidental de Berlín aeropuertos, teatros y otras instalaciones de gran importancia (quiere cerrar el único centro de congresos de Berlín y el Aeropuerto de Tegel). Es la revancha tardía por el fracaso del bloqueo de Berlín orquestado hace 60 años por los ocpuadores soviéticos y sus títeres de la RDA.

Estado de excepción


Las Tres Hermanas de Anton Chejov (o lo que queda de la obra)


Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare (o lo que queda de él)


En fin, teatro subvencionado, mucho grito, mucha discusión, ropa de calle.

3 comentarios:

Pfunes dijo...

¡Este edificio nos lo enseñaban en Historia de la Arquitectura Contemporánea! Es un gran referente dentro del expresionismo arquitectónico o art-Decó.

Me llama la atención que ese teatro subvencionado parezca dar obras de aparente calidad, en comparación con los resultados que se puedan observar en España.

De todas formas soy de la opinión de que ante un mecenas poco exigente como es el Estado los artistas corren el riesgo de ensimismarse en su obra y olvidar que el fin de su obra es el placer estético y el disfrute del público, no sólo de unos pocos entendidos tan ensimismados como ellos. Supongo que esto deviene de mi inclinación a pensar en el teatro como ese mundo de fantasía y valores moralizantes.

Atreides dijo...

Del edificio sólo queda su forma, en rfealidad, porque del interior original no queda nada. Pero las instalaciones técnicas son alucinantes.

Cierto, la calidad de los profesionales del teatro es máxima, igual que en el Deutsches Theater, las charlas que dieron fueron de un nivel altísimo.

Lo que deja de desear es esa "caca de realidad", como dice muy bien Lilienthal (de HAU). Por lo que he visto en los vídeos promocionales, es todo grito, enfrentamiento. Si luego no aumenta la tasa de violencia es un milagro. Yo personalmente quiero ir al teatro a evadirme y vivir en otro mundo, pues para el mundo actual ya tengo lo que veo cada día. En Berlín parece que ya no son capaces de presentar obras clásicas de la forma en que se pensaron y con la ambientación orioginal de su tiempo. Creo que cultura también significa saber cómo se vivía antes y poder trasladarse mentalmente a esos tiempos pasados. Una pena.

Por ejemplo, "A Pesar de Conocerte" es una obra moderna de alto nivel con la que uno puede disfrutar. Tampoco se encuadra en otros tiempos ni destroza obras clásicas. Cada tema y obra debe quedar enmarcado en su tiempo. Se ve que las subvenciones sólo fomentan esa "caca de realidad", no la estética ni el buen gusto ni el culto y cultivo literario.

Martha Colmenares dijo...

Un excelente reportaje.
Abrazos