sábado, 21 de febrero de 2009

El jamacuco de Garzón y los otros chicos del muflón

Como dice Fausto en la obra de Goethe: "Los espíritus que llamé, no logro deshacerme de ellos", parece que es lo que describe muy bien lo que está pasando en la política española, aunque ésta se parezca cada día más a una película de Almodóvar vista por un esperpento.

A los socialistas del PSOE y otros bolcheviques del ramo les gusta mucho jugar con fuego y de invocar espíritus incontrolables. Es lo que le da morbo a la progresía, tan perversa ella. Se creen tan seguros de sus estratagemas que no reparan en sus propias miserias.

Ahora resulta que en esta situación de alta tensión al omnipotente justiciero mundial Garzón le da un jamacuco en plena efervescencia de su investigación judicial de la trama pepera de los montes de las bobadillas. Está a punto de imputar a aforados, diputados autonómicos, seguramente peperos como los otros, y la cosa se complica, y no sólo para estos últimos. Porque meterse a manipulador de la política nacional (y en parte mundial, pues no le falta a Garzón autosuficiencia para atribuirse facultades que realmente no tiene) y querer acabar con tramas mafiosas lleva por caminos tenebrosos que en Rusia suelen acabar en accidentes de coche.

Tal vez el viernes se le complicó el asunto a Garzón. Después de que su camarada de partido y amiguete de cacerías, el estalinista Bermejo, no sólo demostrara no saber geografía española (y eso que, como hijo de falangista, durante el franquismo aprendería muy bien la geografía española aún no alterada por fronteras autonómicas y lingüísticas) al suponer Puertollano al lado de Jaén, sino que encima habitúa ser cazador furtivo al carecer de licencia (y como ministro de justicia debería saber muy bien las leyes que afectan, entre otras, a su vida personal y que son de aplicación a todos los ciudadanos, se supone iguales ante la ley - ¿qué dice la miembra Bibí a esta frapante desigualdad de hecho?).

Tal vez Garzón se diera cuenta de sus propias corruptelas que alguien le podría haber recordado, o que a lo mejor también carece de licencia para matar, digo cazar, ...muflones.

Tal vez Garzón se diera cuenta que la eventual prevaricación al reunirse con fiscal y comisario judicial en una cacería con el ministro de justicia podría costarle caro, más caro que una cacería regular por la que se pagan fácilmente diez o doce mil euros.

Tal vez Garzón se haya dado cuenta de lo ridículo que está quedando, este progre de pacotilla, este bolchevique de salón, tan decimonónico, tan parcial, tan poco equitativo.

Tal vez sea la balanza de la justicia divina que ahora se mueve para poner las cosas en su sitio. Tantos muflones muertos querrán revancha. A los matadores parece que se les va la pìnza, por mucho que les aplaudan los suyos en el hemiciclo. Es como cuando las hienas huelen sangre, se vuelven histéricas.

Fuentes: Bermejo falangista Coste de la cacería

2 comentarios:

Miguel A. dijo...

Debe de estar sobrepasándole todo esto...

martha colmenares dijo...

Hola Atreides, aquí lo creen un superstar!!!
Abrazos