sábado, 28 de febrero de 2009

La Cena: Una sátira mordaz muy lograda

Anoche fui a ver La Cena, la primera obra regular del programa de los nuevos Teatros del Canal en Madrid. Dirigida por Albert Boadella y ejecutada por Els Joglars, es un comienzo muy bueno de la temporada en este teatro, de muy alta calidad. He recopilado algunas informaciones interesantes sobre la obra.
La obra, que gira en torno a la preparación de la cena de clausura de una cumbre internacional sobre cuestiones climáticas, está narrada en forma de cuento, explica Boadella, quien considera que también hay una parte de cuento en todo lo que concierne al entorno medioambiental.
De una forma 'divertida y satírica' pretenden ilustrar cómo un gobierno hace 'sus pequeñas acciones de escaparate para contentar a los ciudadanos', reflejando la 'cierta impostura' que a su juicio llevan a cabo las administraciones públicas frente a todo lo relacionado con el cambio climático. En su opinión, 'hay algo tan paradójico' como que, por un lado, 'instigan a una especie de consumo compulsivo', para que no se venga el mundo abajo, y, por otro, hacen ver que están 'muy preocupados' por las consecuencias del cambio climático, cuando son precisamente los países desarrollados los que 'con esa locura consumista pueden llegar a erosionar el planeta'.
La mayor preocupación de Boadella, según reconoce, es que la sociedad ha entrado en lo que él llama 'la pornografía del buenismo', por la que todo es una especie de exhibición de 'lo buenos y solidarios que somos', una actitud que, bajo su punto de vista, alientan los gobiernos.
El director de los Teatros del Canal aseguró que vivimos un momento político y social de «máxima hipocresía», defecto que -según explicó- aborda magistralmente Moliere en su Tartufo . «Yo tengo tanta admiración por Moliere que trato de imitarle en todo», dijo. «Él iba siempre a la contra del discurso oficial, yo también estoy en contra del estúpido buenismo ; a él le contrató un rey, Luis XIV, a mí me ha contratado una presidenta», añadió.
Salvando las lógicas distancias, Albert Boadella bien pudiera protagonizar ese antológico final de «El silencio de los corderos» en el que el cerebral Hannibal Lecter le dice a Clarice: «He de colgar, esta noche tengo a un viejo amigo para cenar». Porque eso son desde hace tres décadas cada una de las obras estrenadas por el director catalán y su fiel artillería pesada de cómicos, Els Joglars: comilonas con víctimas invitadas al festín. Boadella se ha merendado a la Iglesia («Teledeum»), el nacionalismo catalán («Ubú president») y los gurús del arte y la nueva cocina («El retablo de las maravillas»).
El turno le ha llegado, y el símil cobra doble sentido, al ecologismo fanático –o, dicho de otro modo por el propio director, «las nuevas religiones»– en «La cena», el trabajo más reciente de la compañía, con el que Boadella inaugura además la programación estable de los Teatros del Canal –el conjunto de espacios escénicos del que es director– después del espectáculo inaugural, «Una noche en el Canal», del pasado fin de semana.
En «La cena», explica el autor, «España es el país anfitrión de uno de estos grandes encuentros medioambientales, como Kioto. El Ministerio de Medio Ambiente es el encargado de la cita, que va a ser en un Parador Nacional. A España no le ha tocado nada, salvo organizar la cena. Y la ministra decide hacer una demostración, una cena medioambiental. Encuentran a un tal Rada, un cocinero superfamoso que hace “cocina medioambiental radical”. Y la historia recoge un poco todo el método de este hombre, desde cómo entrena a los camareros del Parador, hasta llegar a la cena».
Aunque matiza que «no digo que haya que ir contaminando», Boadella es enemigo del pensamiento único. Por eso, la filosofía del montaje puede resumirse en un párrafo: «Siempre nos quedará la sátira como respuesta civilizada a la impostura. Confiamos en que la ola de puritanismo no pretenda ahora legislar contra el humor sobre los nuevos tartufos, disfrazados hoy de paladines del altruismo y del progreso sostenible».
A lo largo de su carrera ha arremetido contra poderes que le han hecho la vida imposible. Los objetivos de sus dardos en este montaje no ocupan cargos, pero también pueden complicarle la existencia: son los que le dan de comer. «Esto es algo que afecta más directamente a mi público», reconoce. Y es así porque en la pieza «hay una cierta ironía, mezcla dos religiones: la medioambiental y la gastronómica».
En cualquier caso, este chef teatral sirve «La cena» en la mesa «de la forma en que me gusta hacer las cosas en los últimos tiempos: con sencillez y casi diría con mucha educación y sutileza. Trato de conseguir un tono de mucha dureza, incluso en el fondo hay una historia de antropofagia, pero está tratada con elegancia, sin truculencia, que es algo que cada vez me gusta menos».
Pero eso tiene un precio: «El público que me viene a ver, al menos una parte importante, es el que milita en estas cosas». Se refiere a la que llama «la generación progre, los que creemos que tenemos todas las razones del progreso, la cultura, el conocimiento, una generación arrogante»; y reconoce que «he sido en los últimos tiempos duro con mi propia clientela. Y hay unos límites en los que esto puede ser arriesgado. De momento no lo hemos notado, y la obra ha funcionado perfectamente en toda España».
En resumen, una obra lograda, divertida, profunda, crítica, minimalista, pero aún así perfectamente ambientada, pues a veces poca decoración bien diseñada y versátil da mucho juego (como en A pesar de conocerte). Recomiendo a todos que vayan a ver la obra, la disfrutarán. Los progres de pacotilla, que se tomen antes un tranquilizante.

1 comentario:

Daniel45 dijo...

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