Han vuelto a salir las ratas de sus oscuras madrigueras para roer los cimientos de nuestra democracia. Vienen de las cloacas más hediondas del reino, aquellas que nadie se ha atrevido todavía a ventilar, y tratan de eliminar con sus afilados dientecillos cualquier rastro delator dejado atrás por sus hermanas mayores: esas criaturas sin nombre de la noche política.Han vuelto a salir las ratas que intentaron hace meses devorar la lengua de aquellos que dicen la verdad, para que renunciaran a desvelar las verdaderas intenciones que persiguen. Entonces, igual que ahora, carecen de fundamento tergiversando la realidad. Éstos se revolvieron y enviaron contra sus contrarios una manada de roedores procedentes de los bajos fondos, con la misión de enredar en un montaje cinematográfico. Hoy tratan de desacreditar a todo el que se identifica con la causa ciudadana, sabedores de que jamás se rendirán ante las amenazas, en un patético ejercicio de liquidación del mensajero con el cual aspiran a borrar la verdad, que inexorablemente verá la luz, hagan ellos lo que hagan.
Han vuelto a salir las ratas grises de la manipulación. Los pequeños lacayos serviles que se prestan a pervertir el espíritu de su oficio convirtiéndolo en apostolado de la tergiversación. Los traidores que juraron proteger la esencia y los cauces reglamentarios y se han vendido por un plato de lentejas. Los colegas que no dudan en poner a ciertos compañeros suyos a los pies de los caballos con tal de sumar algún punto ante una rosa o una palmadita en el hombro del ex alto cargo. Los mercenarios de la política, laureados de presunta pureza ideológica, que intentan desesperadamente hundir el barco antes de abandonarlo y salvar un liderazgo en declive por el procedimiento de prestarse a servir de altavoz a cualquier filtración interesada. Los amargados por su propia incompetencia, incapaces de detener la hemorragia imparable de compañeros sectarios, que pretendían simular un proyecto de honradez e ilusión para intentar el linchamiento del competidor cuya ventaja se agiganta.
Han vuelto a salir las ratas de sus oscuras madrigueras, que ahora proliferan también en algunas cabeceras mediáticas. No es la primera vez que atacan ni será la última, pero sus chillidos nos confirman que vamos por la buena senda.
"Las Ratas" de Georg Trakl
Brilla en el patio la blanca luna del otoño
De la techumbre caen sombras extrañas.
En las ventanas vacías el silencio se posa;
entonces, con suavidad, las ratas salen
y se escurren silbando por aquí, por allá,
y va con ellas un olor grisáceo
de letrinas que la luz de la luna,
espectral, hace estremecer.
Y chillan locas de voracidad
e invaden la casa y el granero
llenos de granos y fruta.
Gélidos vientos lloran en lo oscuro.
Texto inspirado en Gerhart Hauptmann, "Las Ratas", y un antiguo artículo de Isabel San Sebastián.














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