miércoles, 8 de julio de 2009

Madame Plissé, Garzón y el Trajín de los Trajes

Mal tienen que andar los asuntos del gobierno para que la Vicevogue siga tirando del cazador cazado con tal de desgastar al PP e intentar acabar con uno de los pocos líderes que tiene este partido que pone las cosas difíciles al PSOE.

Gracias a la insistencia del juez que hace política sirviéndose de un ordenamiento jurídico y un sistema judicial que interpreta a su antojo, llevan meses con el asunto de los trajes de Milano (que si no me engaña la vista, no le he visto llevar nunca a Camps, que lleva trajes mucho más caros que los que puede haber en Milano) como extensión valenciana de la operación Gürtel, (erróneamente traducida como
correa en lugar de cinturón).

Todo
será porque no tiene pruebas contra él, más bien se tienen argumentos contra ellos, como por ejemplo el uso de un avión militar para cubrir la campaña electoral de las europeas, las cacerías conspirativas del justiciero del mundo mundial o los incontables trajes de la portavoz del gobierno que ésta lleva y cambia cada día por no considerar que la arruga sea bella. ¿Acaso la señora de la Vega ha presentado alguna vez una prueba de cómo paga sus trajes, cuyo coste llega fácilmente a seis mil euros cada uno? Como no repite traje, al menos son 20-30 al mes, según las veces que tenga que aparecer en público. ¿O acaso se los regalan? ¿A cambio de qué?

También será
porque no existen otras corruptelas peperas que unos trajes cuyo pago no está documentado, al igual que no está documentado -al parecer- que un tercero los haya pagado a cambio de algún favor, como si ello fuera algo trascendental para la honradez o falta de honradez de un político. El asunto de la Sierra Noroeste (Boadilla del Monte, Pozuelo, Majadahonda...) parece parado, pues también el PSOE está metido hasta las cejas empezando por el pelotazo palaciego de la Sociedad de Titiriteros de España conocida por las siglas de SGAE.

Por otra parte, el máximo representante del PP no parece ser peligroso para ZP. Su debilidad ya se ve con la falta de autoridad en el caso de Bárcenas o de la trama de Boadilla, y la inacción para separar del poder a personas a todas vistas de dudosa honradez deja en aún peor posición a Rajoy sin que la banda de la ceja tenga que hacer nada.


El avance -moderado- del PP en las europeas sí ha indicado algo a los aficionados a las pasarelas ministeriales: Que pueden perder el poder de aquí a nada. Como respuesta ante la falta de ideas para recondicir la crisis optan por acabar o intentar acabar con los políticos de la derecha que podrían conseguir que el PP ganara las próximas elecciones, y para ello se agarran a un clavo ardiendo si hace falta.


Estos intentos burdos de acabar con el contrario con cualquier cosa menos con argumentos políticos está cansando. Las muchas varas de medir que se usan según conveniencia no son sino la demostración de la mediocridad de la clase política española tan esperpéntica como hace dos siglos.



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