jueves, 27 de agosto de 2009

El imperialismo lingüístico catalán y el desprecio por las identidades regionales

"El Consejo de Mallorca crea una "policía" para vigilar el uso del catalán en restaurantes."

"Ciudadanos acusa al ayuntamiento de Palma de importar lo más reaccionario del nacionalismo catalán"

Hace ya unos veinte años leí un artículo sobre la estrategia de los nacionalistas separatistas para alcanzar sus objetivos. En realidad es una estrategia lógica y que se puede deducir por sentido común.
En 1975 no tenían prácticamente relevancia los nacionalismos por razones evidentes. Éstos se inventaron a finales del siglo XIX y alcanzaron más notoriedad en la segunda república, pues desaparecida la Monarquía que unía al país desde hace siglos, volvió a reproducirse el desmadre autonomista e independentista que efímeramente ya había salido a la luz durante los once meses de la primera república.
Pero por muchas teorías inventadas para justificar al secesionismo sin base histórica alguna, lo que hace diferente a una población de otra dentro del mismo territorio es su lengua, la lengua en la que se expresa, se comunica y en la que piensa y sueña.
Si esta lengua vehícular común a la población entera de un país es el español, lógicamente toda esa población se siente española por la lengua que la une.
Por razones históricas, la lengua vehicular en España ha sido el español, al margen de los dialectos regionales y de las lenguas autóctonas. Pero en los tiempos recientes, al ritmo que mejoraban las comunicaciones, los dialectos y las lenguas autóctonas habían quedado relegadas a un uso por la población rural, lo que también ha supuesto que se quedaran atrás en su desarrollo de vocabulario. El mejor ejemplo es el vascuence, que no solamente carece de un dialecto dominante (siendo el vasco oficial actual una mezcla artificial de varios dialectos del vasco), sino que además tiene el problema de no tener relación con las lenguas derivadas del latín, lo que implica la práctica imposibilidad se crear nuevas palabras puramente vascas, mientras que el catalán o el valenciano, pero también el gallego pueden orientarse por las lenguas vecinas o dominantes.
Después de casi treinta años de orden constitucional y prácticamente treinta y cuatro años de democracia, la imposición de las lenguas regionales en Cataluña, Baleares y el País Vasco, y en menor medida en la Comunidad Valenciana, no parece haber dado el fruto deseado por los nacionalistas. Dicha imposición responde principalmente al objetivo de crear artificialmente un sentimiento nacional distinto al español, un proceso que precisa de unos veinte años para dar sus primeros frutos. Así es que las nuevas generaciones, que han pasado por una inmersión forzosa en la lengua catalana a lo largo de su vida escolar y universitaria, cuentan ya con un número importante de catalanes o vascos que articulan sus pensamientos exclusivamente en catalán o vasco y se sienten catalanes o vascos antes que españoles. A ello se añade la falsificación de la historia que practican los gobiernos autonómicos correspondientes para justificar lo injustificable, pues ni Cataluña ni Vascongadas han sido nunca reinos independientes, sino solamente provincias de los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra, respectivamente, siendo las lenguas regionales todo menos la expresión de una identidad nacional.
Ahora resulta que en las Islas Baleares no quieren quedarse atrás en su política de marginación del castellano. Hace unos meses, el anterior gobierno vasco de Ibarretxe anunció un decreto que obligaría a que los comercios atiendan en vascuence (cuestión que por ahora parece quedar anulada por el cambio del gobierno y la aparente voluntad de López de no seguir en esta línea), poco después el ejecutivo balear presidido por Francesc Antich, a través del Consejo Insular de Mallorca, creó una especie de "policía lingüística" que vigilará que en los restaurantes mallorquines se use el catalán. Según informa La Razón, existirán unos "dinamizadores" que visitarán a los hosteleros para comprobar si se utiliza esta lengua tal y como desea el Ejecutivo.

Sin embargo, esta política lingüística viene de fuera de Baleares. Es curioso que un gobierno balear se someta al dictado del imperialismo catalán, pues estos días se multiplican las noticias y las protestas por la catalanización de los nombres de las calles mallorquinas al eliminar el mallorquín, quje es sustituido por el catalán utilizado en Cataluña. A pesar de las protestas de los ciudadanos de Baleares, como por ejemplo por parte del Círculo Balear, el gobierno autonómico prosigue con su política de imposición del catalán en claro desprecio de la vertiente autóctona del mallorquín.

Así que no sólo se discrimina el español en las Islas Baleares, sino también el mallorquín, que con esta política catalanizadora está condenado a desaparecer.

Según el presidente autonómico catalán, no es necesaria ninguna defensa del castellano, porque este idioma "no necesita de ninguna defensa porque no está en peligro". "Es innecesario porque va en contra de la Constitución y del Estatut, y no dejaremos que ningún interés político o de otra naturaleza rompa nuestro modelo de convivencia lingüística y la defensa de nuestra lengua", ha remarcado Montilla, que ha recordado que este tema "no es pequeño, es innegociable".

¿Convivencia lingüística? Está claro que para los nacionalistas catalanes, infiltrados en las estructuras políticas de Baleares, la única convivencia posible es la de los que hablan exclusivamente catalán y que ni siquiera se considera necesario proteger lenguas derivadas del catalán como el valenciano o el mallorquín que son desplazadas y eliminadas mediante el procedimiento de los hechos consumados.

Lo mismo pasará en las zonas aragonesas en las que se usa un catalán más arcáico y diferente del catalán oficial de Cataluña. ¿Cuál va a ser el catalán que impondrá el gobierno aragonés a sus habitantes de las comarcas limítrofes con Cataluña? ¿Acaso van a tener libertad de elección? Está visto que las libertades civiles de los ciudadanos no son defendidos por los políticos tan alejados de la realidad.

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