miércoles, 18 de noviembre de 2009

La España esperpéntica de ZP: Martes de Carnaval

Como ya comenté en algunas otras entradas de este blog, la España del esperpento de 1898 no se diferencia mucho de la España de hoy, sólo cambia el contexto. La incapacidad del gobierno de gestionar crisis es la misma que la del gobierno de finales del siglo XIX.


No es que haya llegado ya la época de los carnavales, pero con este gobierno no estoy muy seguro de ello. Tampoco hace falta que el gabinete de Zapatero se disfrace, sus miembros y miembras son lo suficientemente frikis como para no necesitar disfraces.

El martes, después de que José Luis Rodríguez Zapatero anunciase la liberación del Alakrana, el atunero dejó Haradhere hacia las islas Seychelles, donde se espera que llegue durante la noche del jueves al viernes. Y hemos aquí una parte del escenario carnavalesco: la fiesta para celebrar el rescate obtenido de nuestro gobierno de ineptos.

En su comparecencia, como es lógico, Zapatero no quiso confirmar el pago del rescate y se limitó a decir que el Gobierno "ha hecho lo que tenía que hacer, trabajando dentro de la legalidad y cooperando con el armador y con todas las familias". Y para disimular el desaguisado, añadi´ço que "lo más importante es que los marineros van a estar con nosotros". Por una parte, este gobierno no ha hecho nunca en estos cinco años y medio de su mala gestión del país lo que debía haber hecho. En el caso concreto es hasta dudoso que esto se haya hecho dentro de la legalidad y con la cooperación necesaria. ENtre otras cosas, estos días pasados hemos podido saber que la piratería es un negocio redondo para bufetes de abogados londinenses especializados en el asunto, y pagar rescates no es considerado legal. En España se ha condenado a empresarios que pagaron rescates a ETA para salvar la vida, ¿quién juzgará al gobierno por hacer lo mismo?

Por su parte, los vecinos de Haradhere sí confirman el rescate. "Los tipos han hecho un buen trabajo embolsándose cuatro millones de dólares por el navío español. Los españoles forman parte de las naciones que más han robado los recursos marinos de los somalíes", ha dicho Ahmed Sheikh Mohamud, de 65 años, retomando las habituales acusaciones de pesca ilegal en aguas somalíes. Bueno, pues visto así, se podría considerar el pago como ayuda al desarrollo y pagos de reparación.

Para Haradhere el rescate supone una lluvia de dinero. Los comerciantes celebraban el éxito de los piratas locales: "Dos de los piratas se llevaron mercancías por valor de 1.700 dólares de mi tienda y me han dicho que este viernes me iban a pagar 4.000 dólares, para que desarrolle mi actividad. Son generosos y merecen mi admiración", afirmaba un vendedor bajo el anonimato. Parece que ha nacido un nuevo Robín Hood.

Y para que la fiesta no quede en poca cosa, hizo la ronda el 'khat', una planta estimulante muy apreciada por los somalíes, cuyo precio se ha disparado mientras los hombres de negocios se aprovechaban de los nuevos ricos para venderles coches todoterreno.

"Estoy orgulloso de ellos porque ni siquiera si trabajasen durante siglos ganarían todo este dinero", añade.

Por su parte, un joven de 22 años, Mohamed Dahir Abdullahi, explicaba que quería unirse a las bandas de piratas: "He aprendido a nadar y a disparar con armas de fuego. Soy candidato para este trabajo". Esto sí que es incentivar el empleo y las vocaciones. Lo que no consigue Zapatero en España, lo consigue en Somalia.

Otro habitante de Haradhere explicaba que los jefes tribales y las autoridades religiosas habían intentado en vano convencer a los piratas de que liberasen a los rehenes. "¿Quién les iba a pagar millones si no mantenían a los rehenes y el barco? Han perdido la cabeza. Los "defensores de las aguas somalíes" [los piratas] tienen razón".

Y mientras, en España, el gobierno estuvo mintiendo y dando explicaciones poco creíbles. Nada de transparencia, sino engaño masivo. La incapacidad del gobierno para gestionar este asunto ha sido total y se ha limitado a pagar lo que fuera para sacar a los marineros como sea. Ha sido un Plan E más, con e de esperpento, y los intentos desesperados de Madame Plissé para explicar lo que no quieren explicar es lo que da el aire de carnaval a lo vivido el martes.

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