viernes, 29 de enero de 2010

El Gran Hermano te observa - nuestras libertades encorsetadas

En el blog Noches lúcidas he contrado una interesante información sobbre los últimos avances de las cámaras que controlan nuestra vida en todos los ámbitos públicos equipados con circuitos cerrados de televición (CCTV).

Sabemos ya desde hace unos años que se estaban perfeccionando los sistemas de identificación de caras y complexiones de las personas, sistemas cuyo desarrollo se ha impulsado fuertemente desde los acontecimientos de los grandes atentados que se han producido en EE.UU. y Gran Bretaña. Estos desarrollos ya se plasman en programas informáticos de uso general como iPhoto, capaces de identificar y relacionar rasgos faciales para etiquetar fotos, una función bastante útil, pero que al mismo tiempo supone una intromisión cada vez más preocupante si pensamos que con ello pueden controlarnos permanentemente, pues estos sistemas, utilizados por los cuerpos de seguiridad de los estados, permiten localizar a cualquier persona en cuestión de poco tiempo, ya que no dependen de las habilidades visuales de los vigilantes al funcionar de una forma automática y que tienen una precisión cada vez más perfecta.
Un equipo internacional de investigadores se está encargando de desarrollar un nuevo sistema de CCTV (Circuito Cerrado de Televisión) que lleva de nombre Samurai.

En cualquier lugar público nos encontramos con estos sistemas: Aeropuertos, estaciones de ferrocarril, metro y autobuses, centros comerciales y demás lugares públicos repletos de cámaras.

Por una parte, estos sistemas informatizados suplen los fallos humanos de los vigilantes, que no siempre están todo lo atentos como sería deseable, pues se entretienen muchas veces mirando a una televisión, medio dormidos o entretenidos con una radio cercana, que no deja de ser algo normal. Nuestro cerebro necesita de impulsos que lo mantengan activo, si no, éste se relaja.

Sin duda, el incremento de actos de vandalismo o de delincuencia exige más medidas de control para poder actuar a tiempo en su persecución o prevención. Pero, por otra parte, estos sistemas de control total van más allá, pues acaban definiendo ciertos comportamientos -generalmente normales- como sospechosos, lo que al final puede resultar siendo perjudicial y una invasiçón de nuestra esfera personal o de intimidad.

El sistema Samurai añade a los CCTV un control por software que localice comportamientos sospechosos en las personas. Esto lo haría “enseñando” a dicho software cómo nos comportamos en cada uno de los lugares donde se instale, para localizar conductas inusuales.

Cuando se está en una terminal de aeropuertos, todos solemos hacer las mismas cosas, a no ser que seas un trabajador, así que procuremos no salirnos mucho de este patrón o, pronto tendremos más de una conversación inesperada. El simple hecho de estar quieto esperando y mirando a nuestro alrededor y vageando por un lugar público para matar el tiempo a la espera de la hora de salida de nuestro tren o avión se nos convierte en el punto de mira de este sistema de vigilancia.

Al final, viviremos intimidados y obligados a comportarnois de una forma determinada para no llamar la atención y ser interrogados por algún vigilante enviado a nuestro encuentro por resultar sospechosos al sistema informático. Nuestras libertades corren peligro por eso de la seguridad, que se exagera cada vez más. ¿Qué es mejor? ¿Vivir con el riesgo de que andes sueltos delincuentes y algunos pocos terroristas o permitir actuaciones precipitadas y fichaje de sospechosos inocentes con tal de vivir "más tranquilos" sabiendo que ya detendrán con anbticipaciónb a cualquiera que a juicio de un sistema informátiuco pueda tener malas intenciones?

Resulta que las peores visiones de futuro de las películas de ciencia ficción van a ser las que se hacen realidad. Con lo tranquilos que vivíamos en el pasado sin estos avances tecnológicos. No tardarán en vigilarnos a través de las cams instalados en nuestros ordenadores para saber en todo momento lo que hacemos en nuestras cuatro paredes. Todo ello gracias a nuestros gobernantes, que se suelen autodefinir como nuestros representantes elegidos por la voluntad popular. Una muestra más del alejamiento de los políticos con responsabilidades de gobierno de la sociedad y de la realidad. Los ciudadanos no somos nadie, y, evidentemente, los que elegimos para representarnos acaban no siendo ciudadanos, sino otra cosa. La igualdad y los derechos fundamentales desde hace tiempo no son más que palabras huecas, y cuanto más las pronuncien, más debemos preocuparnos.



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