A raíz de un artículo publicado en septiembre de 2009 por Ciudadanos (C’s) – Partido de la Ciudadanía en su blog municipal de Galapagar bajo el título “Galapagar – la Gestión del Abandono (3): Construcciones y actividades ¿ilegales? en la Dehesa Vieja”, el representante de este partido en Galapagar recibió una llamada de un señor que, sin decir su nombre, solicitaba reunirse con él para hablar de unas fotos. Después de averiguar en el transcurso de la conversación que se refería a unas fotos publicadas en el blog municipal del partido y que ilustraban el deterioro importante de la zona a causa de ciertas actividades industriales y que dicho deterioro se produce precisamente en las fincas del hombre que llamaba, accedió a reunirse con él en la creencia que iba a demostrar que toda aquella actividad es legal.El mencionado señor aguardaba al representante de Ciudadanos en el bar La Palomera junto a tres hermanos suyos y esgrimía una copia impresa del mencionado artículo. Tras sentarse todos en una mesa del local, comenzaron a repasar el artículo. Lo único que los cuatro parecían entender era que se sentían aludidos directamente, cuando el artículo iba dirigido claramente al equipo de gobierno actual de Galapagar. Dicho sea de paso: La información partía de una denuncia presentada por el concejal del Foro Verde, José Luis Barceló, contra el alcalde de Galapagar por esta misma situación, noticia de la que se había hecho eco algún diario digital de la zona.
La intención de ellos no era aclarar cuestiones de legalidad, pues dejaban claro a gritos que no pensaban presentarle las licencias correspondientes, sino de exigir la retirada de la información publicada, elevando para ello el tono y mostrándose los cuatro acalorados y beligerantes, apuntando con los dedos índice a la persona que hacían objetivo de su ira. Dado que el artículo sólo contiene una valoración del estado de la zona y citas de las noticias publicadas al respecto en la prensa, la retirada del mismo no procede, y menos aún bajo amenazas y falta de pruebas de lo contrario. Existen procedimientos civilizados para replicar a noticias con las que uno no está de acuerdo.
El mayor de esta banda de los cuatro era el más agresivo, a pesar de llevar un brazo vendado. Tras dar por finalizada la reunión por no ver ninguna utilidad a continuar en este ambiente hostil, al levantarse el representante de Ciudadanos, el mayor de los cuatro intentó agredirle físicamente, amenazando que si le veía haciendo fotos en la zona le daría una paliza y destrozaría la cámara y el “carrete”. No le alcanzó al ser retenido por sus hermanos, en medio del estupor que toda la situación causó entre los clientes del bar y sus empleados. Pero la cosa no se quedó allí: Los cuatro, que no paraban de dar gritos, decían que así no se iba de allí y le impedían abandonar el local empujando la mesa hacía él para acorralarle. Asustado por estas intimidaciones violentas, solicitó a un camarero que llamara a la Guardia Civil dado que tenía que temer por su integridad física. Al presentarse a los cinco minutos la Policía Local y tomar declaración, pudo por fin abandonar el local.
Todo este episodio demuestra varias cosas:
La primera es que en las fincas aledañas de la Dehesa Vieja, un parque natural protegido, podrían estar desarrollándose actividades cuanto menos poco acordes con las normas que rigen para el entorno natural en el que se encuentran dichas fincas, ya que si no, no se explica el enfado de estos cuatro incivilizados. El nuevo PGOU pendiente de aprobación prevé que estas zonas pasen a ser protegidas.
La segunda es que algunas de las familias poderosas de Galapagar, que suelen dominar en el partido gobernante, perteneciendo al parecer estos cuatros personajes a su entorno, siguen viviendo como los señores feudales que imponen su criterio en el municipio, aunque para ello haga falta la violencia, la intimidación y la persecución de ciudadanos que no están conformes con lo que ocurre en Galapagar.
La tercera es que estas prácticas impiden que el municipio progrese y que entre los que siempre han mandado en el pueblo una mano lava la otra sin perjudicar unos a otros en sus intereses económicos. Es ése, precisamente, el funcionamiento del partido gobernante, dirigido por alguien nombrado a dedo por su central en la calle de Génova y que nombró a dedo su lista cerrada de la ejecutiva, votada como lista única, sin intervención alguna de los afiliados, que tampoco son preguntados al confeccionar las listas electorales. Son estructuras fascistoides que no son sino reflejo de la realidad política en Galapagar, donde los ciudadanos, que en su mayoría no son autóctonos del pueblo, pueden verse amenazados y coaccionados si se atreven a criticar lo que ocurre en el municipio. Es el espíritu totalitario que inspiró, por ejemplo, el primer borrador del PGOU, circunstancia que hizo que muchos votos se derivaran hacia la Plataforma de Vecinos de Galapagar como alternativa ciudadana al caciquismo popular que no quería tener en cuenta las miles de enmiendas y sugerencias de los ciudadanos (se habló de 14.000). Pero este cambio no duró mucho, pues la PVG se unió al final a los que había combatido hablando de “aire fresco”, y a la vista está que todo sigue igual o incluso peor que antes.
Lo que demuestra este episodio, que casi recuerda a este famoso cómic de Lucky Luke y los Dalton, es que Ciudadanos no sólo sufre persecución, amenazas y coacciones en un entorno nacionalista como es el caso de Cataluña, sino también en otras partes de España. En el fondo, comportamientos como los descritos son muy similares a los de los nacionalistas radicales, pues su objetivo es amedrentar a los críticos para que dejen que los extremistas puedan imponer sus intereses. Se trata de grupos minoritarios, pero que pueden hacer mucho daño a la democracia y la pacífica convivencia.
Es hora de que en municipios como Galapagar cambien las cosas. Hace falta otro estilo de hacer política municipal, más democracia directa y participación ciudadana. Si todos tenemos los mismos derechos con independencia de nuestra situación social, económica, étnica o de nuestro origen, dado que todos compartimos los mismos espacios, tenemos que tener el derecho a participar al máximo en la gestión de nuestros municipios, nuestras comunidades y nuestro país. No podemos seguir a merced de un despotismo caciquil como si viviéramos aún a mediados del siglo XIX, o peor, en tiempos del feudalismo. Porque ciudadanos somos todos.

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