sábado, 6 de marzo de 2010

La Visitante

Vaya por delante que no es aceptable que se impida a cualquier persona expresar libremente sus opiniones e ideas y que es reprobable que estudiantes de una universidad (o que se supone que pertenecen a la universidad en cuestión) y que teóricamente tienen algún nivel académico agredan y acosen a una persona invitada a dar una conferencia en sus aulas por no coincidir con sus planteamientos políticos.

Ayer se vio en Barcelona cómo un grupo minoritario de radicales independentistas negaba a una diputada del Congreso el derecho de estar allí para hablar sobre su partido político por no ser catalana, armando mucho ruido y creando un ambiente de violencia, con una pancarta, botes de pintura y una bandera independentista.

Ambas partes, la conferenciante y los radicales, consiguieron su objetivo: llamar la atención de los medios de comunicación. Y es en este punto en el que surgen algunas dudas:

La conferenciante ya sacó bastante rentabilidad electoral a un incidente de este tipo hace dos años en Madrid, en vísperas de las elecciones generales. Posiblemente, entonces no se contaba con que en una universidad madrileña pudiera pasar algo así, y desde luego la tensión que crean situaciones de este tipo para el agredido suponen un desgaste de nervios que no se puede desear a nadie.

Pero en esta ocasión, no parece descabellado afirmar que el riesgo estaba calculado y contaba con el factor de la alta probabilidad de alguna actuación de los exaltados separatistas, especialmente numerosos en las universidades catalanas.

La conferenciante tenía que cubrir un objetivo clave que consiste en obtener publicidad para su partido como sea, ya que el partido magenta no cuenta con apoyos significativos en Cataluña. Así que la mejor estrategia es dar conferencias en universidades con alto potencial de radicales separatistas, pues el hecho mismo de la conferencia no atraía a mucha gente, mientras que altercados de este tipo siempre son rentables para los medios, pues es lo que capta la atención del público.

Tal vez resulta que la visitante es una lagarta que cree haber dado en la diana con este evento al conseguir no sólo ser la noticia del día, sino se acaparar la condena de todos los demás partidos para que el victimismo sea efectivo. Porque claro, ¿quién no condena actos violentos de grupos radicales que no respetan el orden democrático y no toleran opiniones contrarias a las suyas? Posiblemente habrá que analizar este suceso con cautela, pues no deja de formar parte de una estrategia electoralista bien calculada para captar el voto de la misericordia.


Madrid, febrero 2008



Barcelona, marzo 2010

1 comentario:

Monmar dijo...

Que vergüenza de ciudad de políticos y de autoridades si permiten estas acciones en una universidad y los autores no reciben la condena que se merecen ¿Cómo nos puede extrañar que en las manifestaciones asistan amenazando con pistolas?
¿Se les contagia la ira implacable de los musulmanes, y se olvidan que vivimos en una democracia?
Seguro que salen impunes.