martes, 27 de julio de 2010

Loveparade: El desfile de la muerte

El pasado fin de semana tuvo lugar lo que ha sido, probablemente, el último desfile llamado "Loveparade", lo que traducido a cristiano significa "desfile del amor". A parte de que no tengo muy claro qué tiene que ver con el amor un desfile de camiones con música tecno estridente en y alrededor de los cuales baila sin parar gente llamada "ravers", alguna de ella atiborrada de drogas de diseño y/o alcohol, salvo que se trate de amor en el sentido más vulgar de la palabra. Pero lo que ha quedado claro en Duisburgo, una ciudad mediana de la región industrial y ex minera del Ruhr, en Renania del Norte Westfalia, una parte de lo que era Prusia, es que en el Loveparade ni siquiera ha habido amor al prójimo y donde la estampida entre la aglomeración de gente ha causado 21 muertos por aplastamiento y pisadas.

No es ninguna novedad que las masas, una vez en pánico, no responden a la razón y al civismo, sino al puro instinto de supervivencia, aunque en ello se les vaya la vida. Pero las autoridades de la ciudad de Duiburgo no lo han tenido en cuenta. Sólo la descripción del recinto del festejo indica a cualquiera con un poco de sentido común que no era idóneo para este tipo de evento, pues en las dos décadas de experiencia con el desfile tecno como mínimo se tenía que tener presente que atrae a un número inmenso de personas que quieren sumergirse en los ritmos monótonos de la música, que para algunos sólo es divertida bajo los efectos del éxtasis.

Sea como fuere, la responsabilidad última es del alcalde y su equipo de gobierno, pero también del cuerpo de policía de la ciudad de Duisburgo. Según se ha sabido hoy, el alcalde estuvo advertido del riesgo que implicaba restringir el Loveparade a un recinto cerrado con un único acceso. Aún así, ni el alcalde ni la policía tomaron las medidas adecuadas para evitar lo ocurrido. En lugar de ello, el acceso estuvo vallado impidiendo a la gente que se esparciera ante la imposibilidad de avanzar hacia el recinto del festejo.

Como comenta un testigo presencial en el diario berlinés Der Tagesspiegel, que tuvo la suerte de haber sido de los primeros en pasar el túnel, al verse la gente atrapada en un monumental atasco en el túnel del acceso, muchos querían abandonar el recinto, pero se vieron con que no había salida. La autopista, cerrada al tráfico, estaba vallada, mientras que la policía mandaba a los que querían salir a la entrada principal, completamente intrasitable. Por añadidura, muchos jóvenes ya llegaban bebidos y algunos drogados, lo que no hacía sino agravar el estado físico de algunos.

Otro relato de una víctima en el diario alemán Die Welt es aún más ilustrativo de lo que ocurrió.

Ahora se preguntan muchos por el porqué de lo ocurrido, pero la causa de las muertes es clara. Cualquiera que haya pasado por un lugar con acumulación de masas de gente sabe lo que ocurre: empujan por todas partes, la presión es inmensa, y cuesta muchsísimo esfuerzo mantener una distancia mínima para no ser aplastado. AHora dicen que van a investigar las causas, pero las causas son evidentes. El ayuntamiento tenía que saber lo que necesariamente tenía que ocurrir en una ratonera como el túnel de acceso al recinto, porque el Loveparade atrae a cientos d emiles de personas.

Alemania tiene fama de país organizado, pero su deterioro en todos los ámbitos es evidente. La tercermundización es galopante, empieza por el idioma y acaba en la descoordinación y la falta de previsión. Pensar las cosas de principio a fin antes de hacerlas era una de las ventajas de la mentalidad y cultura de los alemanes. Pero es un pueblo venido a menos.

Ahora se pasan la pelota unos a otros. Igual que en España, nadie asume responsabilidades, y si las asume se queda en decir que se asume. El alcalde y el gobernador civil (presidente de la policía) deben dimitir. Es lo menos que pueden hacer para responder por lo ocurrido. Los organizadores del evento son corresponsables. Tenían que haber sabido que la avalancha de personas planteaba serios problemas de seguridad dadas las características del recinto. No es lo mismo disponer de espacios abiertos que de un recinto cerrado.

Se pregunta uno para qué sirven tantos expertos en universidades y organismos públicos si luego todo el conocimiento queda sin efecto y deciden los más ineptos para cometer siempre los mismos errores. Hoy en día se dispone de información suficiente y fácilmente accesible para planificar a la pèrfección un evento de masas. Tanto más es responsable el alcalde de Duisburgo. Pero en todo el mundo gobiernan políticos sin sentido común y sin interés verdadero por hacer bien las cosas. Así nos va.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenas tardes, autor del blog. Seguramente habrá usted oído la expresión "tener más razón que un santo". Esa expresión se debe aplicar al siguiente párrafo que ha escrito usted:

"Alemania tiene fama de país organizado, pero su deterioro en todos los ámbitos es evidente. La tercermundización es galopante, empieza por el idioma y acaba en la descoordinación y la falta de previsión. Pensar las cosas de principio a fin antes de hacerlas era una de las ventajas de la mentalidad y cultura de los alemanes. Pero es un pueblo venido a menos".

Siempre he sido muy germanófico, pero no puedo cerrar los ojos a la evidencia. Los alemanes han sido una gran decepción para mí. Como bien dice el artículo, son un pueblo venido a menos y su deterioro se palpa en todos los ámbitos (moral, político, ¡hasta ortográfico...!). Muchos lectores quizá piensen que el artículo "exagera", pero debo decirles que hay incluso libros dedicados a este tema de la decadencia de Alemania. ¿Quizá la derrota en la guerra les afectó colectivamente en lo psicológico? ¿Quizá el bienestar material de la RFA a partir de los años 60 les ha pervertido y maleado? No lo sé, pero sí he constatado que ya no son lo que eran (trabajadores, disciplinados, sacrificados, de moral rígida, serios, fiables, honrados, etc.), han cambiado mucho en su mentalidad, en sus costumbres y hasta en su forma de ser. No quiero entrar en detalle en ciertas cuestiones como las contradicciones de la sociedad alemana o temas políticos; me baste decir que es un país en declive. ¡Hasta la reforma ortográfica fue de vergüenza! Tenemos una idea falsa de lo que son los alemanes, heredada de tiempos pasados, de principios del siglo XX, cuando Prusia y sus valores todavía pesaban mucho. He vivido en Alemania y doy fe de lo mucho que han cambiado a peor; no son la sombra de lo que fueron. Lo único en lo que destacan todavía es en su potente economía, pero ¿por cuánto tiempo? Porque al ser un país en crisis en unos años también su economía entrará en crisis, y si no al tiempo. Merece la pena aprender alemán, pero por tratarse de un idioma muy perfecto y preciso, no porque los alemanes de hoy en día en general (excepciones siempre hay) merezcan la pena...