viernes, 8 de octubre de 2010

España, un país a la deriva

Las últimas noticias económicas no auguran nada bueno para el futuro de España. Cada día llega otra noticia que debería hacer reflexionar a marchas forzadas a un pueblo que se dio en dos legislaturas un gobierno compuesto por ineptos cuyo único objetivo es la imposición de criterios basados en su ideología trasnochada de un sueño de una noche de invierno, una utopía enfermiza de una sociedad socialista controlada y expoliada.

Así es que el FMI, controlado por Bilderberg, recorta las previsiones de crecimiento hechas por Zapatero. No es nada nuevo, a parte de que nunca han tenido credibilidad las previsiones hechas por quien no tiene ni puñetera idea de economía ni de historia ni de nada.

Las agencias de rating tampoco se quedan cortas. Esta semana han sido ya al menos dos que anunciaron una rebaja del rating de España, lo que se traduce, principalmente, en mayores tipos de interés para refinanciar la incontrolable deuda de España en el exterior. 

La situación no pinta nada bien. Fernández Ordóñez, el presidente del Banco de España, exige al gobierno un Plan B por si la economía empeora. Es de risa. ¿Acaso alguien cree que este gobierno ha tenido algo que se podría llamar Plan A? Pero si llegó al gobierno en 2004 sin un programa viable de gobierno, ya que el que tenía estaba pensado para perder las elecciones. Y así nos va.

Un gobierno que vive de la improvisación y de los mensajes ideológicamente correctos según el lema "miseria para todos - igualdá, temeridá, despilfarridá" no puede hacer más que dar palos al agua. Los planes de ahorro ya se veían insuficientes cuando Zapatero los anunció en mayo, después de lo cual se dedicó a repartir millones entre sindicatos y fundaciones afines al zapaterismo bolivariano, y estas prebendas no cesan a pesar de lo mal que va la economía. 

Este verano se anunció el cierre de una fábrica de Sony en Barcelona que traspasan, entre otras, a otra empresa poco fiable como es Ficosa, no precisamente un ejemplo de buena gestión, pero lo que cuenta son sus relaciones con el gobierno independentista catalán de Montilla, cuyo hijo se dedica a destrozar democráticamente cabinas de teléfono por la alegría que le causó un partido del Barça. Ya se ha visto con las hijas góticas de Zapatero que la calidad de la gestión de gobierno se puede medir por los resultados de la no educación de la propia prole de los gobernantes. Posiblemente este ataque de agresividad contra el mobiliario urbano tiene algún significado más profundo.

Lo patética que es la política económica en este país lo demostró el día de la huelga de los cruceristas bálticos y comilones villamagnenses Tocho y Méndez. Nunca se ha visto que una huelga general se anunciara con tres meses de antelación, y es bastante lógico que los mismos sindicalistas ya no se acordaban por qué la habían convocado, pues al final era contra los empresarios y el gobierno del PP en la Comunidad de Madrid, cuando la culpa del desastre la tienen principalmente los socialistas por haber desoído las advertencias hechas por multitud de expertos internacionales desde 2004.

No invertir en infraestructuras y no saber reorientar la actividad económica desde el sector de la construcción a otros sectores ha sido un error garrafal de Zapatero. Aún recuerdo cómo alardeaban los socialistas de la buena marcha de la economía como logro de su política económica (inexistente), cuando en realidad se trataba de los últimos coletazos de la política económica heredada del gobierno popular de Aznar y ya se veía en el horizonte que esto iba a estallar en cualquier momento. Aznar siempre negaba la existencia de la burbuja, y los socialistas dejaron de hablar de ella cuando tomaron el mando. No se puede vivir de espejismos.

Ahora dice el leonés que la respuesta a la crisis es progresista. Por ejemplo el recorte de las pensiones empleando todo tipo de artimañas será progresista, como lo es untar a sindicatos y organizaciones afines de millones y millones. España languidece por la falta de inversiones, y las consecuencias se van a notar muy pronto en el deterioro de las infraestructuras. Existe un grave desajuste entre el coste de vida y los ingresos, y Zapatero tiene encima la desfachatez de pedir moderación salarial. Se inventan justificaciones varias para incrementar la presión fiscal, como es modificar los valores catastrales para subir el IBI aún más. Los billetes del AVE son casi inalcanzables para el ciudadano medio, el tren se ha convertido en un artículo de lujo cuando debería ser una alternativa al avión o al coche. En cambio, los trenes de cercanías parecen la tercera clase con asientos duros como la piedra.

Tan duro como los asientos de los cercanías se anuncia este otoño-invierno. La crisis se va a agravar, tanto en lo económico como en lo político. La hartura de los ciudadanos crece, mientras que la desfachatez de los políticos es cada vez más sorprendente, como demuestra un cartel del Plan E, con un coste de 1.500 euros, colocado en un pueblo de Soria para anunciar la compra de ordenadores por valor de 3.500 euros como si se tratara de una obra pública de envergadura. Y lo llaman "economía sostenible". ¿Hasta dónde vamos a llegar?



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