martes, 12 de octubre de 2010

La Hispanidad, una fiesta nacional a la deriva


Hoy España ha celebrado su fiesta nacional, el Día de la Hispanidad. Pero ni la Hispanidad ni España son lo que eran. La nación española casi sólo existe ya cuando juega la selección nacional de fútbol, y ni siquiera ésa se puede seguir tranquilamente en toda España. Porque hay regiones cuyos mandatarios y una minoría relativa consideran que son naciones y tienen derecho a ser independientes, mientras que niegan el derecho a los demás ciudadanos de sus regiones a identificarse con la nación española.

España tiene una enseña nacional introducida por el Rey Carlos III, por cuestiones prácticas y no ideológicas. La verdad que en aquel entonces no existían las ideologías como las conocemos hoy. Y los colores usados son los de la bandera del Reino de Aragón, una de las dos Españas. Pero curiosamente, la bandera causa urticaria a esos nacionalistas, tan excluyentes ellos, inmersos en sus fantasías de reinos de taifas con una historia inventada.

España y la Hispanidad en cierto modo se caen a trozos entre el zarandeo al que se somete por nacionalistas e indigenistas. Aquí niegan la historia y la lengua, allá niegan la herencia consistente en que son fruto de una nación que antaño era grande y que hoy no es nada.

En ambos lados gobiernan patanes, incultos, ingnorantes e insensatos. Sienten morbo enfermizo viendo como se destruye la nación que deben gobernar y denegando de una historia común que deberían honrar. Para ellos lo que cuenta son sus ideologías, trasnochadas, caducas y superadas por la realidad, que imponen con entusiasmo a todos sin importar los deseos de la mayoría.

En ambos lados -España y América- no quedan grandes políticos ni intelectuales que sepan guiar a sus naciones y que sepan apreciar el bien común de la lengua, de la cultura y de la historia. Lo que es la cerca al español y a lo español en España, en América es la anglicanización del idioma y la expansión de modos de vida estadounidenses mezclados con costumbres indígenas un tanto dudosas, pero también la barbarización de los gobiernos, dominados por la incultura, la ignorancia, el fanatismo y la ineptitud. Y lo peor de todo es que los pueblos se dan estos gobernantes que luego les subyugan, expolian y oprimen, sumiéndolos en la miseria económica, social y cultural.

Esa misma miseria acecha a España, cada día más descompuesta política y económicamente. Lo que podía convertirse en una potencia económica industrializada se va quedando en precario, con la deslocalización del tejido productivo, la reducción a un destino turístico muchas veces de baja calidad y una sociedad que vive cada vez más de los servicios, mientras que importa bienes de Asia que antes producía en su mismo territorio.

Las fuerzas armadas, que marcan el Día de la Hispanidad con su desfile, también están en un estado lamentable. Una gran parte de sus efectivos prestan servicios en el exterior para garantizar intereses hegemónicos y económicos de potencias mayores en tierras lejanas, y no precisamente para proteger nuestro país y nuestra democracia - que es lo que nos intentan vender.

Son las fuerzas armadas de la indefensión y de la claudicación, porque si pasara algo grave, sería difícil tener todos los efectivos listos para actuar. Están lejos, y su lejanía nos deja indefensos.

¿Qué es, entonces, lo que se puede celebrar un día como hoy? En realidad, la Familia Real y los soldados deberían ir de luto, porque están a merced de un gobierno que trabaja constante y arduamente en la destrucción de la nación que hoy celebra su gran día. El desmontaje del orden constitucional es evidente, y la debilidad de las decisiones del Tribunal Constitucional no mejoran la situación.

No ha sido una fiesta memorable, por muy bien que se haya organizado el desfile. Con un  Rey decrépito como su nación, cumpliendo con su deber entre abucheos al presidente del gobierno, seguramente fuera de lugar al menos durante el acto en memoria a los caídos en misiónde guerra llamada humanitaria y de paz, este Día de la Hispanidad no ha tenido el brillo que debería tener. Porque España es una nación enferma y decrépita gracias a la mala gestión de sus gobernantes, que causan bochorno cada vez que salen a la calle.

Es evidente que el gobierno de España ha llegado a su fin. La situación aconseja adelantar las elecciones. La duda que queda es si Rajoy será el hombre adecuado para reconducir la situación del país, ya que la indecisión y la indefinición son lo último que necesitamos.
¡Viva España! ¡Viva el Rey! - ¿O habrá que decir: Ojalá sobrevivan España y el Rey a lo que se avecina?

2 comentarios:

Iratus dijo...

Enhorabuena por el artículo y por el blog.

Siempre es agradable constatar que uno no esta solo en la batalla soterrada que se esta librando entre quienes se han propuesto destruir España -o lo que queda de ella- y quienes no nos resignamos a dejar que eso ocurra sin tratar de evitarlo.

Si te apetece date una vuelta por mi blog; creo que encontrarás muchos puntos en común: http://indignitas.blogspot.com

Por descontado, estás invitado a participar en él cuando quieras.

Un afectuoso saludo,

Alberto (Iratus)

Atreides dijo...

Gracias por tu comentario, Alberto. Visitaré tu blog y lo enlazaré.
Un abrazo
Atreides