miércoles, 1 de junio de 2011

España, los pepinos y lo que importamos a Europa

Cornelia Prüfer-Storcks, Senadora (consejera) de Sanidad del estado federado alemán de la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo, socialista, causante del revuelo en relación con los pepinos españoles, y no la canciller federal Merkel, que se ha visto salpicada por el marrón fabricado por los socialistas de Hamburgo.

La polémica de los pepinos es tan absurda como ilustrativa de lo que es España desde que gobierna el Partido Socialista. España, eso está claro desde hace tiempo, importa tres pepinos a Europa.
Además, la imagen de España como país serio queda dañada desde que nuestro reino está gobernado por un iluminado y un equipo de diletantes, que nunca están a la altura de las circunstancoas, porque siempre están más preocupados por sus tejemanjes del poder, el mantenerse en el poder a cualquier precio y por tratar de cambiar la sociedad para adaptarla a sus ilusiones fantásticas del socialismo fabiano.

Pero en todos los países cuecen habas. Alemania, y con ella Europa, también actúa con diletantismo. El reciente ejemplo de los pepinos es muy ilustrativo de cómo no se debe actuar y que un país que presume de puntero y organizado lanza mensajes erróneos sobre el origen de una epidemia tan rara como difícil de delimitar en cuanto a su origen.

En Alemania suele ser bastante habitual que nada más ocurrir un desastre de cualquier tipo, a los cinco minutos los sabelotodos ya saben a ciencia cierta la causa del mismo, sin disponer de datos fehacientes sobre su origen ni sobre sus consecuencias.

Pepinos a precio de saldo en Alemania
Así fue hace algo más de un año cuando entró en erupción el volcán islandés de nombre impronunciable, que produjo una nube de cenizas volcánicas que no fue ni de lejos lo que advertían las autoridades europeas, porque todo se basaba en suposiciones a partir de una simulación por ordenador hecha en Gran Bretaña, sin ninguna prueba real. Claro está que en las inmediaciones de Islandia las cenizas sí había que tomarse en serio, pero más allá de un radio razonable no tenía la misma gravedad. Pero especialmente en Alemania, donde existe un instituto de investigacón con un avión especial para mediciones, a nadie se le ocurrió enviar a éste de inmediato a surcar los cielos para recoger muestras y medir la densidad de la ceniza, y tardaron más de una semana en preparar dicho avión. Mientras tanto, las grandes compañías aéreas, incrédulas ante tanta inutilidad del gobierno para tomar medidas razonables, hacían sus propias mediciones antes de que el patético catedrático en cuestión pudiera dar un informe, que fue igualmente lamentable que toda la actuación del gobierno. Al final resultó que las cenizas no eran tan peligrosas, pero las simulaciones bastaron para causar pérdidas multimillonarias a todo el mundo.

Lo de los pepinos es simplemente un diletantismo más de los políticos europeos, y no es para llamar nazis a los alemanes. ¿Qué tiene que ver el ser nazi con lanzar alarmas infundadas? ¿Son nazis los españoles por actuar sin ton ni son en otras cuestiones? 

Lanzar una alarma general sin datos reales, sobre la base de simples suposiciones, no tiene que ver con un régimen totalitario de la izquierda nacionalista alemana. Sólo es expresión de la incapacidad de actuar con sentido común y profesionalidad, algo de que carece la UE en general y el gobierno español en particular.

Es un problema más de la globalización, que ha llevado al descontrol. La trazabilidad se hace irrisoria, pues por mucho código de barras y controles sanitarios, los políticos actúan siguiendo suposiciones y simulaciones. El mundo virtual no es el mundo real. 

También resulta del todo inverosimil culpar a todo un sector agrícola de una epidemia. Supongamos que de verdad hubiera sido un productor que utilizara heces vacunas para fertilizar su campo de pepinos. La contaminación se tendría que limitar a un lote de pepinos procedentes de este campo de cultivo. Incluso culparon a los pepinos ecológicos españoles de tal suceso, con lo cual la contaminación estaría aún más limitada. ¿Cómo se explica, entonces, que fueran consumidores de toda una región entre el norte de Alemania, Holanda y Escandinavia los afectados? ¿Cuántos pepinos ecológicos de un cultivo se pueden repartir en una región tan extensa? Pero luego se dieron cuenta que no eran los pepinos los causantes de la enfermedad infecciosa, ya que muchos de los enfermos no habían consumido pepinos.

Los daños y perjuicios no se limitan a los productos españoles de pepinos. Todo el sector hortofrutícola en Alemania se ve afectado, ya que por el pánico la gente no compra verduras ni españolas ni alemanas. Tanto más reprobable es la actuación de los gobiernos hamburguense y alemán, pero también la del gobierno español, porque ha estado en otras cosas mientras ocurría esto en Alemania.

Lo que pasa es que a los alemanes España les importa tres pepinos. De hecho, las noticias de España en la prensa alemana están relegadas, generalmente, a tercer nivel, incluso las elecciones municipales y autonómicas de hace diez días. Y algo de culpa en ello tiene el propio gobierno español, al que nadie en el mundo toma ya en serio.


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