jueves, 6 de noviembre de 2014

La farsa de la reunificación alemana y la injusticia con Prusia

Artículo escrito en 2009, pero igual de actual que entonces

La mal llamada reunificación de 1990 tras la caída del Muro y del Telón de Acero (ordenada por Moscú) fue una farsa preparada con mucha antelación.
Por una parte, la potencia vencedora de la Unión Soviética quería librarse de los estados satélites del bloque del este, completamente arruinados por una gestión nefasta de la economía, sin sufrir por ello un verdadero perjuicio. Por tanto, era evidente que se iba a ayudar a los alemanes para lograr la ansiada reunificación al cargar a la República Federal de Alemania el estado en quiebra de la Alemania Central, sumido en un estado de posguerra, y encima recibiendo dinero por ello. Los alemanes ya lo harán, dirían entonces Gorbachov y camaradas, y también son lo suficientemente tontos como para verlo encima como una concesión generosa de la Madrecita Rusia. Foto: La traición firmada y sellada y los alemanes engañados como chinos: Hecho grrran negossio (Gorbachov) - Ei, gude, isch bin 'n eschte Bismack - en palatino-moguntino: Toma ya, estoy hecho todo un Bismarck (Kohl).

A todo ello precedió toda una farsa carnavalesca bien planificada. En primer lugar aparecieron los turistas veraniegos procedentes de la zona de ocupación oriental que sorprendentemente se apercibieron de que la frontera húngara resultaba ser más permeable de lo habitual (los alemanes del este no podían traspasarla en dirección oeste). Ahora bien, desde la represión violenta de sus ansias de libertad en 1956, los húngaros gozaban de cierta autonomía, sobre todo durante los últimos años de la dominación por la Unión Soviética, pero que cerrasen de repente ambos ojos en materia de tránsito transfronterizo hacia Austria sí que parecía un poco llamativo. Teatro de farsas en Berlín oriental: Schabowski abre la frontera demasiado pronto - "por un despiste" - posiblemente tras una pregunta en clave de uno de los periodistas presentes en la rueda de prensa con motivo de la nueva Ley de Viajes.

De esta manera, el oeste de Alemania se llenó cada vez más con habitantes de la zona de ocupación oriental, lo que puso al país bajo una presión creciente, porque los alemanes de la zona soviética incluso pretendían solicitar asilo para quedarse.
Al mismo tiempo, eiverbibsch (1), comenzó a protestar por allí y por allá un movimiento ciudadano de formación espontánea, sobre todo en Sajonia, una región que ya bajo la dictadura nacionalsocialista tendía a aclamar al régimen, y más tarde, tras el cambio del régimen (¿o fue más bien sólo un cambio de los símbolos y nombres políticos?), también aclamaba al régimen opresor comunista, que en realidad sólo fue la continuación del régimen nazi bajo una nueva denominación social, cuya abreviatura "DDR" se parece sorprendetemente a "Tercer Imperio Alemán", es decir "Drittes Deutsches Reich". Dicho movimiento ciudadano tenía la osadía de atribuirse como éxito suyo la decisión de Moscú sobre la devolución de la zona de ocupación soviética a la Alemania residual de la República Federal de Alemania, lo que este movimiento celebraría como la "revolución pacífica". Nuuu (2).
(1) eiverbibsch (sajón) = ¡toma ya!; (2) Nu (sajón) = exclamación tipo "bueenooo..."

Lo que es un hecho es que no se trataba de ninguna decisión del pueblo. A ello se añadía que las potencias vencedoras occidentales no tenían una visión tan abierta del asunto, sobre todo el Reino Unido y Francia, los dos países que más han odiado a Alemania en todos los tiempos, si no tomamos en consideración a Polonia, que supera a ambos. Por añadidura se sumó la traición por parte de los políticos alemanes de provincia, cuya visión política no llegaba mucho más lejos que a la otra orilla del río Rin en Bonn. Precisamente el Canciller Federal Kohl, originario del Palatinado, antigua provincia bávara integrada tras la guerra en el estado artificial de Renania-Palatinado, y que ya sólo por su origen como no-prusiano era un enemigo en potencia de Berlín y de Prusia (de hecho tardó ocho años en habilitar Berlín como sede del gobierno y nunca ocupó la nueva cancillería en el río Spree). Junto a su ministro Schäuble (ese de origen suebo que quiere abatir aviones de pasajeros si hay sospecha de terroristas a bordo, entre otras lindezas), que parece anclado de por vida a la poltrona ministerial y que estuvo encargado de traicionar los intereses alemanes en las negociaciones 2+4 sobre la simulación de reunificación, Kohl era un jefe de gobierno lo menos idóneo para poder hacer frente a la carga de la reunificación que de repente había caído sobre sus espaldas. Quería emular a Bismarck, pero apenas logró llegar más lejos de lo que hubiera llegado un gobernador provincial bávaro del Palatinado. Foto: Los trapicheos de Kohl con el partido del bloque (3) CDU del este, aquí con el trapichero mayor de la RDA y flauta del bloque (4) de Maizière.
(3) Partido del Bloque: En la "RDA" existía una simulación de pluralidad política. El bloque comunista del partido comunista SED (después PDS y hoy Die Linke) estaba formado principalmente por el SED, pero también por partidos con nombres de partidos occidentales como CDU, LDPD (= FDP), NDPD (= NPD) y DBP (Partido de los Campesinos). En el este se sabía ya bastante de farsas... (4) Los políticos de los partidos del bloque se llamaban popularmente "flautas del bloque", porque sólo tocaban la música de acuerdo con lo que ordenaba el SED.
Al margen de todo ello, en 1989 los políticos alemanes no sólo carecían del necesario coraje político, sino también de una conciencia de identidad respecto de la historia alemana y la anexión de los territorios del este de Prusia por parte de Polonia, Rusia y la actual Lituania, (entonces aún en la URSS) algo completamente contrario al derecho internacional, pero como dichos territorios habían sido de Prusia, no parecían tener mayor interés.

Así se explica que -en contra de todo sentido común- se incluyera a Polonia en las negociaciones sobre la "reunificación", como si se tratara de una parte negociadora en igualdad de derechos.
El tembleque de Polonia tenía sus motivos, y aún hoy está tiritando por ser consciente de que prácticamente la mitad de su territorio no es parte de Polonia, sino que pertenece a Prusia, mientras que no tiene el valor suficiente para recuperar sus propios territorios orientales pertenecientes hoy a Ucrania, entonces aún dentro de la URSS (claro que los de Prusia son mucho más apetecibles económica y paisajísticamente). Pero en fin, con los zopencos provincianos del oeste de Alemania lo tenían mucho más fácil. Foto: Kohl con Bush en la cumbre del G-7. Sorry, that's Moscow's decision.

El resultado de toda esta farsa carnavalesca alrededor de la presunta reunificación fue que no sólo se saltaron la Ley Fundamental (esa pseudo-constitución impuesta en 1949 por los británicos y modificada cada dos por tres según antoja a los políticos), ya que dicha ley establecía claramente las reglas para tal suceso (Asamblea Constituyente, Refundación de Alemania), sino se dejó también fuera de juego al Tratado de Potsdam, que era la causa de que Polonia sudara la gota gorda, porque si se hubieran llevado las negociaciones en el sentido de dicho tratado, no podrían haber evitado la devolución de Pomerania, Silesia, el este de Brandemburgo y Prusia Oriental (en las fronteras de 1918) - Prusia Occidental, el Territorio del Memel y Posen ya se habían perdido en dicho año. Para más inri, Kohl no fue ni capaz de corregir los abusos polacos respecto de la línea de los ríos Oder y Neisse (en 1945 se había establecido como límite el río Neisse oriental y no el occidental), pues aún reconociendo como un hecho inamovible la pérdida de la mayor parte de los territorios del este, la anexión del este de Brandemburgo y del oeste de Silesia, así como de la ciudad de Stettin (al oeste del río Oder) sí que son totalmente ilegales. Mapa: Prusia dentro de las fronteras alemanas de 1900.

Entonces tuvieron la gloriosa idea de dividir la zona de ocupación soviética primero en 5 nuevos estados federados (igual de artificiales como los occidentales, diseñados sobre el mapa por los británicos) para solicitar y aprobar después su adhesión a la República Federal de Alemania, truco con el que se esquivó con picaresca la Ley Fundamental (la cual modificaron luego eliminando todo vestigio de tales disposiciones). No en vano -y diría que con cierta malicia- se había elegido por Moscú el 9 de noviembre de 1989 como día para la apertura del muro, el mismo día que en 1918 se había convertido en el día de los traidores de la patria que firmaron el nefasto Tratado de Versailles. Foto: ¡Qué risas aquellas! Negociación en el Cáucaso en 1990. El Ministro de Asuntos Exteriores alemán Genscher alias IM Tulpe (su presunto alias como espía de los servicios secretos de Alemania oriental, vinculación nunca probada), Gorbachov y Kohl: ¿Quién traiciona a quién a favor de quién o, en general, quién traiciona a quién o el qué a favor de quién?

No suficiente con la traición de la patria, se presentó otra oportunidad para la traición de Prusia. No se anuló la disolución forzosa de Prusia como estado, ordenada en contra del derecho internacional por potencias extranjeras por hacer a Prusia -injustificadamente- responsable del régimen nazi, cuando todo el movimiento nacionalsocialista liderado por el austríaco Hitler, nacionalizado alemán de forma irregular, partía de Baviera y se servía de la estructura militar prusiana y una mentalidad prusiana de obediencia al poder para consolidar su régimen, con lo que se perdió otra oportunidad histórica para una jugada de gran estadista. En esta fecha, Alemania Occidental tenía una oportunidad única para reparar las injusticias históricas y ejercer presión sobre la Unión Soviética, que estuvo económica y políticamente en una situación de fuerte debilidad. El haber privado a todo un pueblo de su país y gran parte de sus tierras, que representaban cerca de dos tercios del territorio alemán de 1900, es algo que no se puede aceptar.

Por eso, 25 años después de la reunificación parcial en forma de una adhesión de un territorio parcial, es decir, de los estados centrales de Alemania, ha llegado el momento de reparar esta injusticia especialmente en el marco de la reforma del federalismo de Alemania y restablecer Prusia como estado. A la vista de que la República Federal de Alemania no tiene la voluntad de defender los intereses prusianos y las reclamaciones legítimas de los ciudadanos prusianos expulsados cruelmente de sus tierras, si no habían sido asesinados, sólo un estado prusiano -sea como estado federado de Alemania o como estado independiente- podría recuperar y defender la unidad estatal y nacional. Foto: Las negociaciones 2+4: ¿Polonia como potencia vencedora? En cualquier caso fue el país que más tajada ha sacado de la guerra, habiéndola instigado junto a Churchill ya durante los años veinte.
El vigésimo quinto aniversario de la caída del muro no es motivo para celebraciones, sino motivo para repensar la política panalemana de las últimas seis décadas y de someter la actuación de los representantes del pueblo -tan alejados del pueblo- a un juicio más severo. Alemania como nación unificada ha sido un fracaso desde que Bismarck dejó de ser canciller imperial.

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